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Líquenes, aprovechando las oportunidades

El Parque Natural Cabo de Gata-Níjar constituye uno de los mejores ejemplos de ecosistemas áridos y semiáridos en Andalucía. En este territorio el paisaje está modelado por la aridez, las condiciones edáficas y las alteraciones antrópicas formando enclaves muchas veces definidos como laboratorios biológicos.

Los bosquetes de palmitos o azufaifos, los retamares o los espartales entremezclados con tomillares muy ricos en endemismos conforman una vegetación parcheada salpicada con zonas desprovistas de vegetación. Es aquí, en estas superficies desnudas, donde se instalan nuestros protagonistas, los líquenes, creando un llamativo paisaje colorista. Los líquenes resultan de una asociación simbiótica (ambos se benefician) de un alga y un hongo, siendo el alga quien realiza la fotosíntesis y proporciona materia orgánica, mientras que el hongo captura agua y sales minerales, además de proteger al alga frente a la desecación.

 

Estos organismos, a pesar de su pequeño tamaño, poseen un papel fundamental como constructores de los ecosistemas: entre sus funciones destacan las de ser colonizadores primarios preparando el suelo para el establecimiento de las plantas, fijar nitrógeno y carbono, retener agua y reducir la erosión tan intensa de estas zonas áridas. Para poder sobrevivir allí donde otras especies vegetales no pueden, desarrollan una estrategia oportunista y aprovechan al máximo el rocío y la alta humedad para realizar la fotosíntesis, siendo capaces de sobrevivir en condiciones extremas. Pero, aun siendo supervivientes en ambientes hostiles, a la vez son muy frágiles a las alteraciones antrópicas: cambios en la temperatura, humedad o concentración de CO2 provocan su muerte, motivo por el cual son usados como bioindicadores en estudios de Cambio Global.

Para observarlos en la naturaleza podemos buscar en rocas, troncos, ramas secas, sobre el suelo e incluso sobre animales pero también se pueden instalar en lugares más urbanizados como tejados y aceras.

Foto: Líquenes en el Parque Natural © JB

Con un poco de atención fácilmente distinguiremos entre sus tres morfologías principales: las formas crustrosas se encuentran completamente incrustadas en su sustrato, tanto que algunas paredes rocosas del Parque deben verdaderamente su color a su cubierta liquénica. Las formas foliosas son muy abundantes, no se levantan mucho sobre el sustrato y parecen estar compuestas por hojuelas extendidas. Finalmente los líquenes fruticulosos, que nos recuerdan a arbustos diminutos o barbas, buscan en el Parque posiciones más húmedas y favorables, siendo más raros aunque también abundantes en barrancos con estas características.

El Parque cuenta con más de 30 especies distintas de líquenes, géneros como Lepraria, Parmelia o Lecidea son muy comunes. Si queremos apreciar y conocer estos seres vivos, aconsejamos realizar el Sendero de Majada Redonda, donde abundan las especies que viven sobre rocas. Si estamos interesados en ver alfombras de líquenes sobre el suelo un lugar ideal para ello es Las Amoladeras, o claros de espartales como en los alrededores de Balsa Blanca. Y si nos llevamos una lupa, podremos, recorriendo sus superficies, sumergirnos en una fascinante excursión de pocos centímetros.

Desde el Jardín Botánico de Rodalquilar queremos acercar al público la importancia de estos organismos y actualmente se encuentra en proceso la creación de una pequeña exposición de líquenes donde se mostrarán las especies más comunes de la zona así como las distintas formas que adoptan y los soportes que pueden colonizar.

Jardín Botánico El Albardinal
Consejería de Medio Ambiente y Ordenación del Territorio