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Una violeta invernal

A veces los pequeños descubrimientos encierran grandes sorpresas.

Uno de los gratos encuentros que podemos disfrutar durante nuestros paseos invernales por el Parque, es descubrir, entre las grietas de una roca o asomando entre un pedregal, unas delicadas flores lilas que nos resultarán familiares.

Esta plantita, que por la belleza de sus flores hará las delicias de nuestra cámara, es la violeta silvestre (Viola arborescens L.), una violeta del litoral mediterráneo occidental, emparentada con los pensamientos, mucho más humilde pero veremos que sorprendente.


Foto: Violeta silvestre © JB
 

Es una planta con cepa leñosa (de ahí su epíteto arborescens), característica importante para diferenciarla taxonómicamente del resto de especies, aunque aquí en Cabo de Gata es la única especie silvestre de violeta. De esta cepa surgen muchos tallos, cubiertos de pelos, que en esta zona no suelen sobrepasar los 50 cm. Sus hojas son finas y con borde liso o aserrado, de color verde intenso. Las flores aparecen de forma solitaria y tienen forma amariposada, con 5 pétalos de color violeta pálido. Los frutos son cápsulas menores de 1 cm, inicialmente verdosas y de color castaño una vez maduras que encierran pequeñas semillas de casi 2 mm y color marrón.

Más allá de su belleza, la verdadera sorpresa procede de las múltiples estrategias que exhibe para asegurar su reproducción y que descubriremos observándola con atención.

Fijándonos en la parte de atrás de las flores, observaremos un pequeño espolón de unos 2 mm, encargado de recoger el néctar producido por estructuras derivadas de 2 de sus 5 estambres. Y también veremos cómo el pétalo inferior muestra unas estrías oscuras conocidas como guías de néctar, unas marcas que ayudan a los insectos a alcanzar esta recompensa mientras polinizan las flores.

Foto: Violetas silvestres © JB
 

Aun así, algunas de sus flores se autopolinizan antes de abrirse, asegurándose la producción de semillas a pesar de perder variabilidad genética.
Los frutos también encierran otra curiosidad: si inicialmente se disponen hacia abajo, conforme maduran, se va irguiendo sobre su pedúnculo hasta situarse de forma erecta sobresaliendo de la planta. Entonces se abren de forma explosiva en 3 valvas que replegando sus bordes, presionan a las semillas y las lanzan bruscamente, para así alejarlas de la planta madre, ayudadas también en muchos casos por las hormigas.

Pocas veces veremos tantas adaptaciones en una planta. Pues para disfrutar de su floración y de este compendio de especialización, la buscaremos de noviembre a febrero en aquellos cerros de naturaleza caliza, pues es una planta habitual de suelos básicos, muchas veces entre rocas pero también entre tomillares y matorrales.

Jardín Botánico El Albardinal
Consejería de Medio Ambiente y Ordenación del territorio