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Vida natural

José Ignacio Domínguez

José Ignacio Domínguez, una vida entregada a la protección del medio ambiente. El David que derrotó a Goliat en el Algarrobico.

La paralización definitiva del Algarrobico y la urbanización Marinas de Agua Amarga han sido los últimos éxitos, pero no los únicos, logrados por este abogado de Ecologistas en Acción, Amigos del Parque Natural Cabo de Gata-Níjar, Salvemos Mojácar, Greenpeace y la Plataforma en Defensa de Agua Amarga. En su currículum nos consta que es teniente coronel del Ejército del Aire en la reserva, perteneció a La Unión Militar Democrática, que tan importante papel jugó en la transición española, ha sido piloto de Iberia y presidente de Amigos del Parque Natural del Cabo de Gata-Níjar. Actualmente reside entre Madrid y Agua Amarga. Hablar con él es gratificante, siempre con una locuacidad cordial, cargada de entusiasmo y transmitiendo la valentía que ha demostrado en su larga trayectoria en defensa del medio ambiente.

¿Cómo se transforma un piloto de reactores de guerra en un abogado de causas medioambientales?
Desde que estaba en la Academia General del Aire, en el Mar Menor, yo siempre había visto con muy malos ojos que la costa iba llenándose de esas moles que ya estaban empezando a surgir. Entonces tenía ya una conciencia ecologista y me fui dando cuenta de de que el Ejército estaba desempeñando un papel que no le correspondía, porque el Ejército tiene que estar al servicio de los ciudadanos y no de una minoría en el poder y al mismo tiempo aumentó mi conciencia ecologista. Empecé la carrera de Derecho a principios de los años 70, estando en el Ejército, pero con la actividad de la UMD tuve que dejar los estudios por falta de tiempo y los terminé estando ya en Iberia. Me dedico exclusivamente a asuntos medioambientales, sobre todo al tema urbanístico. Yo no cobro, los casos los llevo por el único interés de defender el medio ambiente. Yo llevaba los pleitos en vía penal, pero me di cuenta de que no se sacaba nada en limpio, era más eficaz el contencioso administrativo. Todas las grandes victorias las hemos obtenido precisamente en el contencioso administrativo.

Fotos: © Sara Sanz

¿Cómo llega un hombre de Madrid a nuestro parque?
En 1969, yo estaba en el Ejército volando reactores, destinado en Morón de la Frontera y hacíamos prácticas de tiro de aire en Palma de Mallorca; íbamos cuatro o cinco aviones y estábamos una semana en Palma, pero en una de esas veces se averió mi avión y tuve que esperar a que me lo arreglaran, entonces me vine solo desde Palma a Morón y en vez de volar muy alto, me vine muy bajito por la costa y vi Agua Amarga, la cala de San Pedro y toda esta zona del Parque y dije: "mira, aquí tengo que volver yo por carretera a ver esto". Vine, me gustó y me quería hacer una casa en Agua Amarga, con la indemnización que me dio el Ejército, porque me habían echado en el 1975. Pero empezaron a construir la cementera y me fui de Agua Amarga, pensando que el levante traería todo el cemento y me fui a Sierra Cabrera. Un día, en el año 90 volví por casualidad, vi que allí no llegaba el cemento y me compré un apartamento en Agua Amarga, donde estoy desde el 90.

¿Cuándo y por qué empezaste la defensa de nuestro parque?
En el año 1995 proyectaron hacer en Agua Amarga un paseo marítimo que salía a un millón el metro cuadrado, un disparate, la obra se la iban a dar a gente de la confianza del ayuntamiento y se iban a comer la playa. Yo tenía un antiguo profesor que era el jefe del gabinete del ministro de obras públicas, lo llamé y le dije, "mira este disparate que vais a hacer…". Él vino a verlo y efectivamente vio que eran un disparate y anularon el proyecto. Entonces, Amigos del Parque, que estaba empezando, me propusieron que fuese presidente, yo acepté y comenzamos con estas batallas.

¿Entonces te organizaste con los ecologistas?
El movimiento ecologista en Almería prácticamente no existía, éramos los primeros, no se nos entendía, se nos trataba de locos, chiflados. Tuvimos una reunión de unos grupos ecologistas y organizamos aquí la federación provincial de Ecologistas en Acción de Almería. Eso eran los años noventa, y siendo presidente de la Asociación es cuando afrontamos estos problemas: los invernaderos, los arrastreros, las urbanizaciones…

¿Los arrastreros?
Sí. Aquello era una cosa escandalosa, arrastraban las redes por encima de la posidonia, lo conseguimos frenar a base de traer a las televisiones. Estábamos permanentemente de guardia, cuando veíamos algún arrastrero salíamos y lo grabábamos o hacíamos fotos. Sacamos alguno también en la punta de los Muertos en el telediario de Telecinco, que supuso la intervención de un ministro y mandaron un helicóptero, que estuvo patrullando por aquí.

 
Fotos: © Sara Sanz
 

¿También hubo problemas con los invernaderos?
Aquello fue una batalla terrible, lo de los invernaderos ilegales . Los dirigentes de la COAG se habían quedado sin terrenos en el Poniente para poner invernaderos, entonces decidieron comprar dentro del Parque terrenos baratísimos porque estaban en una zona protegida y no se podía hacer nada en ellos. Presionaron a la Junta para que les permitieran poner invernaderos, movilizaron a los pequeños agricultores de Níjar y Carboneras, que habían heredado las tierras y decían tener derecho a poner invernaderos como los tenían otros que las heredaron fuera del parque. El argumento que utilizamos para quitarnos de encima esta presión es que para que los agricultores no se vieran perjudicados por la declaración de parque, la Junta debe permutarle los terrenos por otros fuera del parque. Por supuesto, a los de la COAG, que acaban de comprar terrenos en el Parque y estaban especulando, nada y le hundimos la inversión.

Supongo que todo eso no sería fácil, os reportaría algunos problemas…
A final de los años 90 tuvimos unos enfrentamientos terribles, un acoso impresionante. Porque nosotros metíamos los pleitos y los urbanistas, sobre todo el Ayuntamiento de Níjar, nos ponían querellas a nosotros por injurias, calumnias y obstrucción a la justicia. Decían que estábamos acosando al ayuntamiento, a un ayuntamiento que utilizaba la administración que le han dado los ciudadanos para perseguirnos a nosotros. Tuvimos una pelea penal tremenda, incluso, controlaban la oficina de reparto de las causas judiciales, porque había cuatro juzgados de instrucción y en cada juzgado teníamos varias querellas y todas las que poníamos nosotros iban a parar al juzgado de instrucción número 1, donde había un señor, que ahora está en Ceuta porque lo denunciamos al Consejo General del Poder Judicial y lo mandaron allí y que tenía intereses en Níjar. Él dijo que no tenía nada que ver en el reparto, que a él le llegaban las causas, pero esa era una realidad.
Y no solo nos metía querellas sino que luego tomaban medidas administrativas contra nosotros, por ejemplo, trazaban una calle peatonal inútil para separar el huerto de una vivienda, modificaron las normas subsidiarias para que yo no pudiera hacer ninguna obra en mi casa, excepto demoler, etc.
Y con los de los invernaderos fue tremendo. Nos amenazaban, hubo pintadas, a mí me pusieron un detective privado que me estuvo investigando durante un verano, me seguían, veían con quién me relacionaba y los investigaban a través de la matrícula de los coches. Lanzaron a los agricultores de la zona contra nosotros, disponían de una televisión de un señor que vino del País Vasco, que se llamaba Ángel Pérez, que arengaba a estos agricultores que estaban hasta las dos de la mañana oyendo la televisión. Luego conseguimos convencer a este señor y se puso de nuestra parte.

Y la pregunta del millón: ¿Para cuándo la demolición del Algarrobico?
En el Algarrobico quedan flecos. Uno de ellos la actuación del Ayuntamiento de Carboneras que está apoyando el hotel y sigue calificando los terrenos como urbanizables después de treinta y dos sentencias y autos en contra. Legalmente no se puede demoler ahora, ya hemos recurrido el PGOU de Carboneras al Supremo, éste ya ha dicho que en el PORN los terrenos no son urbanizables, ahora vamos a esperar a que diga que tampoco lo son en el PGOU. Entonces ya se podría presentar un contencioso administrativo pidiendo la demolición.
Hay otra forma, el derecho de retracto de la Junta, que ya ha dicho el Supremo que lo ejerció correctamente. Los terrenos y el hotel son de la Junta, por dos millones y pico. El problema es que la promotora, Azata, se niega a coger ese dinero y entregarle el hotel a la Junta. El Tribunal Superior de Justicia de Andalucía (TSJA) ha dicho que para obtener la posesión tiene que ir a un expediente de expropiación forzosa, la Junta ha recurrido esa decisión al Supremo y estamos esperando que diga si la Junta tiene que ir a un expediente de expropiación forzosa o el TSJA puede obligar a Azata a entregar los terrenos. Dependiendo de lo que diga el Supremo se acelera el proceso o se dilata bastante, porque un expediente de expropiación forzosa puede durar cuatro o cinco años, pero si dice que el TSJA puede obligar a Azata a entregar los terrenos, sería cuestión de un par de años.

Pero ¿hay alguna forma legal de que el hotel continúe edificándose?
No, el hotel es imposible que siga. Si no lo derriba el hombre se encargará la Naturaleza: el salitre y los temporales de levante.

José Ignacio Domínguez, un decidido e incansable luchador por el bien común sin importarle acosos y persecuciones, en la dictadura y en la democracia.

Entrevista realizada por Juan Manuel Jerez