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Viaje literario por el Parque

In memoriam a Juan Carlos Rodríguez, maestro de una nueva manera de mirar y leer.

[...] y blancas margaritas
entre la fina hierba?

(Antonio Machado)

Foto: Playa del Arco © Oscar Molina
 

El profesor Juan Carlos Rodríguez (1944-2016) y el poeta Javier Egea (1952-1999) recibieron sendos viajes literarios por su vinculación y pasión hacia el Parque Natural, antes de que existiera esta conciencia. Pertenecen al grupo de ilustres pioneros, defensores de existencias una y otra vez derrotadas, pero perdurables, gracias a la historia de un capítulo reciente de la poesía contemporánea que en justicia ellos alumbraron, escribieron, recitaron y dijeron.
De su estrecha amistad y respetuosa relación quedan múltiples testimonios en la memoria reciente de la poesía en Granada. En el segundo volumen de las Obras Completas de Javier Egea, subtitulado Obra dispersa e inédita encontramos este poema clásico, que imita la estética de Góngora y Quevedo, para tributarle un homenaje al profesor y maestro Juan Carlos.

De cómo el poeta clama a las musas, tras la lectura de un apasionante ladrillo (sic) titulado Teoría e Historia de la producción ideológica.

A la cuarta intentona me he chupado
de un tirón tu maldito mamotreto
y quiero dedicarle este soneto,
este torpe discurso aburguesado.

¿Qué funesta matriz ha segregado
semejante coñazo, qué secreto
camino, laberinto o vericueto
a este abrupto teorema te ha llevado?

Por obra de un amigo lo he tenido
y en sus redes viscosas he caído,
epílogo, meollo y vil prefacio.

Y por si fuera poco este paquete
sucesivas entregas nos promete.
¡Juan Carlos, no me jodas el palacio!

Genial síntesis de lo que supuso las investigaciones socio-literarias y la repercusión de este libro inaugural: Teoría e Historia de la producción ideológica, (Akal,1974) ¿Está(ba)mos capacitados para descifrar el "teorema", entender "el mamotreto", soportar "semejante coñazo"? Sí, nos costó muchas lecturas y relecturas, subrayar una y otra vez "La literatura no ha existido siempre" del "vil epílogo"; la "matriz ideológica está determinada en última instancia por la economía", (Engels dixit). Juan Carlos abrió el horizonte materialista al análisis de la producción ideológica: Althusser, Macheray, Balibar, Foucault, Barthes, Derrida, Lacan, T. Eagleton, Propp, Gramsci y muchos más, clásicos y modernos, se derramaron fuera de la caja de Pandora auspiciados por la novedosa perspectiva crítica que emanaban los escritos de Juan Carlos y que irradiaban en múltiples direcciones: políticas (militancia), teóricas (filosofía), históricas (sociología) y, sobre todo, crítica del inconsciente ideológico que subyace a todo acto de afirmación que parta del "yo soy". El desvelamiento de la conciencia dominada por el poder se encuentra, como material bruto, en ese libro de Juan Carlos que el poeta Javier Egea encomia desde "lo grotesco", como sinónimo de admiración: "qué secreto/ camino, laberinto o vericueto". Por eso el libro del profesor resulta tan importante y vital, no sólo porque por entonces estaba agotado y circulaba en fotocopias afortunadas, sino por la rareza de encontrar un ejemplar de la primera edición que resultaba una joya bibliográfica inaccesible: "Por obra de un amigo lo he tenido". Lo era entonces y lo es ahora, sin duda, desenmascarar el dominio de la ideología sobre los cuerpos y las relaciones entre ellos. De ahí el último libro de Juan Carlos Rodríguez "Entre el bolero y el tango (o cuando los cuerpos hablan)". La radical historicidad de las producciones ideológicas queda evidenciada en este magnífico tributo lírico que Javier dedica a uno de sus preclaros amigos.

Toda esta lectura y sus consecuencias poéticas para Javier Egea ocurren precisamente durante la estancia del poeta en La Isleta del Moro (Almería), acompañado por la música de Mozart y la lectura de Teoría e Historia, mientras componía el poemario que sentó escuela, titulado Troppo mare (Demasiado mar). Tenemos constancia de que el "mamotreto" fue leído en La Isleta, gracias a las declaraciones de Javier en un documental, cuando se refugió en esta costa de levante para comenzar una obra nueva. (Eduardo Castro, Pasaba por allí, 1985: Troppo mare, La poesía de Javier Egea; véase también Javier Egea, la soledad de un poeta 2013).

"Sí, yo tuve la gran fortuna de encontrar en Granada a un personaje para mí fundamental, a un crítico literario fundamental como es Juan Carlos Rodríguez. Su primer tomo de la Teoría e Historia de la producción ideológica, que recuerdo fue uno de los libros que yo me llevé a la Isleta del Moro, me produjo un gran choque porque lo que en mí solamente era intuición hasta esos momentos, pero que no sabía explicar porque no tenía argumentos teóricos para ello, me los encontré allí. Entonces, esto que todavía estaba balbuceante en mi poesía y en mi concepción de la literatura se quedó muy claro. Yo recuerdo que la torre ideológica se cayó completamente, se derrumbó, se desplomó y, si hasta me apuras, tuve que tumbarme en la cama, recuerdo, en la fonda, tuve que tumbarme en la cama porque decía "cómo es posible esto, ha llegado por fin el momento en que creo que sé lo que estoy haciendo y por qué lo hago así y no de otra manera. Entonces yo seguí trabajando desde esa óptica explicada y demostrada por Juan Carlos Rodríguez".

La fecha de estas declaraciones nos remiten a 1980.

Sus espíritus errantes vagarán entre las espumas blancas de nuestras olas, esas que les sacudían sus ingenios fértiles para seguir creyendo que el porvenir está cada vez más cerca.
Desde esta intensa luz, sus memorias quedarán talladas entre nuestros familiares farallones acantilados rocosos. Con todo afecto por la reciente e inconsolable pérdida de Juan Carlos Rodríguez, nos quedan sus escritos.

Miguel Galindo
Colaborador del equipo de redacción del Eco del Parque