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La carne y la salud

En la encuesta realizada en la revista Times CNN de 2002, cuando se pregunta a la gente la razón que les ha llevado a convertirse en vegetarianos o veganos, la primera motivación que aparece es la salud y, en segundo lugar, se manifiesta la presencia de aditivos y de hormonas.
¿Por qué? Siempre se ha dicho y se sigue diciendo que comer carne es bueno para la salud, que las proteínas animales son indispensables para la vida. ¿Es esto cierto? ¿Qué ha cambiado en la manera de criar los animales y de matarlos para que la carne esté bajo sospecha?

 
 

En la actualidad la cantidad media de carne ingerida por persona y por año en los países desarrollados es de 76 kg. El consumo global de carne era de 145,3 millones de toneladas en 1985 y de 311,8 millones de toneladas en 2014, y sigue en progresión constante. Esta demanda masiva obliga a los ganaderos a aumentar la producción, a invertir en granjas industriales cada vez más grandes y con menos espacios para cada animal. La ganadería se traslada a los peores suelos con el objetivo de ocupar la menor superficie posible de campo.
La búsqueda sin fin de rendimientos más elevados y de tiempos de crianza más cortos obliga a recurrir a alimentos para animales con un contenido en proteínas más alto, más hormonas de crecimiento para que los animales cojan peso y a dosis masivas de antibióticos para prevenir enfermedades y también para el engorde.

 

La alimentación
Para reducir el tiempo de crianza y para que el ganado vacuno llegue al peso adecuado y sea competitivo en el mercado se emplean dietas con altos contenidos en proteínas, como el maíz o la soja, que no son alimentos naturales para los rumiantes. En general los países de Europa no producen bastantes cereales o leguminosas para alimentar su ganado y tienen que importar la soja de Brasil y de Argentina, y no hay otra elección que comprar soja OGM (organismos genéticamente modificados) ya que el 99% de la soja producida en esos países es OGM. La soja en tortas entra en la dieta de los vacunos, cochinos, pollos y en la harina para el salmón u otros pescados, el maíz puede ser administrado en granos.
Los problemas sociales, medio ambientales y de salud ligados a la soja y al maíz OGM, cultivados en América del Sur, son conocidos y han sido denunciados desde hace años por la ONG “Grain”.
Es Argentina el país que ha permitido la entrada masiva de la soja pero los graves problemas como la destrucción de la biodiversidad, la contaminación, la concentración de las tierras, el desplazamiento de campesinos y la destrucción de economías regionales no compensan las ganancias económicas que se concentran en las manos de los grandes propietarios y de las multinacionales de la agro-química. Los OGM, lejos de ser la gallina de los huevos de oro prometida, se están convirtiendo en una pesadilla.
www.grain.org/es/article/entries/5357-argentina-nuevos-transgenicos-nacionales-las-resistencias-se-multiplican
Es evidente que la calidad nutritiva de la carne no es la misma dependiendo de la alimentación y del espacio de cría. Estudios recientes ponen de relieve que la carne industrial contiene niveles inferiores de omega 3 y un ratio omega 6/omega 3 menos favorable que tienen una relación directa con les enfermedades cardiovasculares y algunos cánceres.
En Europa hay un fuerte rechazo hacia los OGM, en general la gente no quiere consumir estos productos, pero no saben que comiendo carne ¡están también absorbiendo OGM! ya que no hay obligación de indicar qué clase de alimentación han tenido los animales sacrificados.

Las hormonas de crecimiento
A partir de los años 50 del siglo pasado se han utilizado las hormonas de crecimiento para aumentar el peso de los animales. Sería muy pesado y complicado explicar aquí las prácticas de ganadería asociadas a las hormonas de crecimiento, pero hay que saber que, a lo largo de su corta historia, han estado siempre envueltas en polémicas, juicios y prohibiciones por razones de salud de los animales y/o de los humanos. El caso de la hormona “rBGH” de Monsanto (también llamada BST o Bovine Samatrotopine que es una copia, obtenida por ingeniería genética, de una hormona producida de manera natural por las vacas) comercializada bajo el nombre Prosilac, es muy ilustrativo y lo podéis consultar en la web “veo verde” (1º) y en este artículo de Ecologistas en Acción: www.ecologistasenaccion.org/article16771.html
Para resumir, esta hormona sobre todo utilizada para aumentar la producción de leche en Estados Unidos, es sospechosa de provocar cáncer de mama en los humanos y también responsable de provocar muchas enfermedades en las vacas. Entre otras enfermedades provoca mastitis; la leche de las vacas con mastitis contiene pus y no es apta para el consumo humano, lo que genera graves pérdidas económicas. Los granjeros tienen la tentación de utilizar antibióticos pero estos a su vez están bajo sospecha de provocar problemas de salud en los humanos y en particular una resistencia a los antibióticos como veremos más adelante.
“Para una mayor comprensión de los efectos perjudiciales potenciales del “rBGH” en la vacas, uno no necesita más que ver la etiqueta de advertencia que el FDA exige que Monsanto incluya en cada remesa de Prosilac: la etiqueta destaca 21 problemas de salud asociados al uso de Prosilac, que incluyen: ovarios císticos, desórdenes uterinos, disminución del tiempo de gestación y peso de nacimiento de las terneras, incremento de la tasa de gemelos y retención de placenta.” (Ecologistas en Acción).

 

Los Antibióticos
En las instalaciones modernas la promiscuidad obliga al uso masivo preventivo o curativo de antibióticos, estén o no enfermos los animales. En algunos países como Estados Unidos, Canadá, Argentina, Brasil y Asia también se usan para el crecimiento y el engorde.
En 1998, la Unión Europea prohibió el uso de los antibióticos que se utilizaban para tratar a los animales y también se usaban para tratar infecciones y enfermedades en los humanos. Se permitió sólo el uso de 4 de ellos. En las granjas industriales se suelen mezclar con los piensos para estimular el crecimiento y acelerar el engorde de las vacas, cerdos y pollos.
En 2006 el uso de antibióticos, para mejorar el crecimiento de cualquier animal, queda definitivamente prohibido pero se siguen usando para combatir las infecciones. Se sigue usando masivamente en América del norte y del sur y en Asia para el engorde.

 

En España hay una relación directa entre el alto consumo de antibióticos y la tasa de muerte por resistencia a los antibióticos.“El suministro incontrolado de antibióticos a los animales ha favorecido la proliferación de organismos resistentes a esa clase de medicamentos, lo que supone un riesgo para la salud humana”. El País (marzo 2002)
En la actualidad, en España, el consumo de antibióticos a pesar de la prohibición de la UE sigue siendo el más alto de Europa por delante de Chipre y de Italia: (418,8 miligramos por kilo de carne) 7 veces la cantidad recomendada por la EU. En 2015 se vendieron en España 3029 toneladas de antimicrobianos, 99,9% de ellos para la cría de vacas, cerdos, ovejas, cabras y pollos (El País). En España se venden casi tres veces más antibióticos para tratamiento animal que en Alemania, el mayor productor de carne de la euro-zona. (El Mundo, agosto 2017). Una de cada diez muertes por resistencia a los antibióticos en la UE ocurre en España (El Mundo. Agosto 2017) Algunos expertos predicen que en 30 años las bacterias resistentes a los antibióticos causarán más muertes que el cáncer o los accidentes de tráfico. Este problema ya acaba con la vida de unas 25.000 personas cada año en Europa, 2.500 de ellas en España. (El País)
En general las granjas industriales producen una carne de bajo coste donde la lógica del mercado no permite tener en cuenta el confort y la salud de los animales. La calidad gustativa no es un criterio que se tiene en cuenta, solo la rentabilidad y la competitividad son factores dignos de consideración. Para el CIWF (Compasión In World Farming) que milita contra las granjas industriales, el consumo masivo de carne barata es responsable de obesidad, cáncer y enfermedades cardio- vasculares.
Según varios estudios el consumo de carne roja aumentaría un 24% el riesgo de contraer cáncer de colon y de 20 a 60% los de hígado, páncreas, esófago y pulmón. La charcutería también tienen su responsabilidad en el aumento de muertes prematuras, un consumo de 50 gr a 160 gr por día aumenta el riesgo de muerte de 9% a 21 %.
Cuando sean aprobados los tratados de libre comercio, entre Canadá y la UE (CETA) o Estados Unidos y la UE (TTIP), no habrá manera de controlar las moléculas que llegarán a nuestros platos, no podremos frenar la entrada de carne de animales alimentados con soja y maíz OGM, atiborrados de hormonas de crecimiento y de antibióticos y hasta nos veremos obligados a comer carne de animales clonados. Desde 2008 el consumo de carne proveniente de animales clonados está permitido en Estados Unidos.
Como dice el diputado al parlamento europeo José Bové, que fue encarcelado por desmontar un Mc Donald en Millau, Francia: “Cuando alguien se pone a comer ya no hay que decir buen apetito sino más bien: ¡buena suerte!"

Para saber más:
Carcinogenicidad del consumo de carne roja y de la carne procesada (OMS)
www.who.int/features/qa/cancer-red-meat/es
www.grain.org/es/article/entries/5357-argentina-nuevos-transgenicos-nacionales-las-resistencias-se-multiplican
www.veoverde.com/2011/12/las-vacas-lecheras-de-monsanto

En Francés
www.infogm.org/5716-OGM-Argentine-enfer-du-decor?lang=fr
www.bbc.com/mundo/noticias/2010/11/101126_ganado_clonado_consumo_seguro_men.shtml
http://waste.ideal.es/clonacion-consumo.htm

Antonio Martínez