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Vida natural

Salud ambiental

Lo que se esconde en el Algarrobico

Competir, en lugar de cooperar,
es una actitud subdesarrollada
ignorando que al dañar a otras personas,
nos dañamos a nosotras mismas.

Seguimos aprendiendo a cuidar nuestra salud y nuestro medio. En este número quiero compartir con vosotras, (personas lectoras), una idea que me ronda. Os quiero mostrar un ejemplo de riesgo ambiental, que es el que emerge en la historia del Hotel de Carboneras, el Algarrobico. Recientemente ha sido pintado a favor y en contra, como la mayoría sabemos, representando un conflicto social cada vez más habitual y complejo.

El caso de este hotel, sociológicamente y desde la visión de la salud ambiental, es muy gráfico de la situación social y cultural, del desa-rrollo económico de nuestra provincia y también del crecimiento económico español, a través del “ladrillo”.

La cultura del trabajo unida al miedo a la crisis y el cambio, igual que sucede en zonas deprimidas que viven casi principalmente de las actividades más peligrosas y contaminantes (como el campo de Gibraltar o el Polo Químico de Huelva), nos lleva a un conflicto como el que surge con el Algarrobico.

¿Por qué no somos capaces de ver y desarrollar las oportunidades que nos ofrece nuestro entorno sin perjudicarnos gravemente? ¿Por qué ni siquiera imaginamos que podemos vivir dignamente y trabajar sin participar en actividades contaminantes y peligrosas? ¿Por qué no activamos nuestras capacidades y habilidades resilientes para encontrar una forma de desarrollo sostenible que nos deje vivir en vez de robarnos la vida (y robársela a los seres que cohabitan el planeta con nosotras, las personas)?.

Hoy día existe muchísima información para tener en cuenta cuatro nociones de economía. Si vendemos nuestro territorio (ya sea a extranjeros o a la contaminación), ¿cómo podemos asegurarnos un desarrollo socio económico sostenible? Las actividades como la construcción, solo benefician a una élite que no comparte ni reparte, como estamos viendo. El eventual crecimiento de puestos de trabajo no justifica el destruir parte de la riqueza común, ya que con esa misma política lo más probable es seguir destruyendo lo que se cruce por su camino.
¿A nadie se le ha ocurrido pensar en una opción intermedia que satisfaga el desarrollo económico que necesita la población y el respeto, cuidado y valor del medio que la sostiene y es su mayor riqueza y oportunidad? ¿Por qué los constructores no han llegado a un acuerdo que fomente la convivencia y los objetivos comunes, apostando por el respeto a la naturaleza? Tenemos a nuestra disposición tantas herramientas como queramos aprender. Por ejemplo, la metodología Dragon Dreaming, es ideal para crear, diseñar y llevar a cabo proyectos de todo tipo. Requiere un trabajo de puesta en común y de resolución de la acción que satisfaga al mayor número de personas implicadas.

Existe una enorme carencia y necesidad de oportunidades económicas para las personas trabajadoras de Carboneras igual que las de ¿medio planeta? ¿Y sólo se nos ocurre el turismo? También existen oportunidades para construir y crear riqueza de manera respetable con el medio ambiente, creando igual o mayor número de puestos de trabajo pero de una manera sana y sostenible. De hecho, la bioconstrucción es una opción de momento bastante exclusiva y muy atractiva, que puede generar aún mayores ingresos sin necesidad de dañar la costa ni desafiar al medio ambiente. ¿Os parece que sería una opción intermedia bioconstruir un espacio integrado en la naturaleza y que a su vez fuera un ejemplo del desarrollo cultural y de respeto? La bioconstrucción es una tendencia inteligente, resiliente, conciliadora en este caso.

Es un claro ejemplo del proceso de higiene y sustitución de productos y procesos contaminantes que se recomienda realizar para frenar los efectos negativos de la contaminación y la destrucción de nuestro hábitat natural. La destrucción de nuestra naturaleza es una práctica cultural y legalmente legitimada, escasamente sancionada ni responsabilizada. Es habitual ver en esta provincia cómo se cometen atentados ecológicos impunemente, a plena luz del día, sin que nadie se preocupe por ello ni se percate. Mientras la construcción es una de las actividades económicas que ha fomentado el proceso de la burbuja inmobiliaria que todas conocéis tan bien y que muchas comprendemos como síntoma de la crisis en la que estamos. ¿Por qué seguimos repitiendo los mismos errores? Me pregunto si esto sucede porque olvidamos sin evaluar el resultado de nuestras acciones. Es una gran irresponsabilidad organizada y repito que hay metodologías muy interesantes para conocer mejor y aprovechar inteligentemente nuestros recursos, oportunidades y desafíos comunitarios.

Vivir en una casa ecológica es una fuente de salud y protección. Se trata de casas más o menos lujosas, construidas con materiales propios del entorno donde se ubica, respetando el entorno y el equilibrio biológico. Existen cada vez más profesionales formados, que podemos encontrar también en estos lares y que conocen muy bien el terreno autóctono. La bioconstrucción, no solo es una forma inteligente de respetar nuestro entorno y aportar tanto o más de lo que tomamos. También es una forma de conservar nuestra salud y recuperarla. Las casas construidas con conocimientos de bioconstrucción son casas vivas, que generan un espacio de mayor protección y seguridad física, son casas que respiran y nos fortalecen. Podéis conocer mucho más a través de Carlos Requejo y la web www.domobiotik.es y por ejemplo, de paso os invito a conocer la Permacultura, una gran amiga en estos tiempos que corren www.culturadelatierra.net.
El problema para el crecimiento de las imparables comunidades, que investigan y recuperan estas formas de vida más sanas y resilientes, es la liberación de la propiedad del suelo. En Andalucía más de la mitad del suelo es propiedad de la Duquesa de Alba, como bien nos han hecho saber los compañeros y compañeras de Marinaleda, entre otros.

El que pensemos en el crecimiento económico cuantitativo sin priorizar la salud de nuestra comunidad que también depende de la de nuestro entorno es, en mi opinión, el fundamento que supone mayor riesgo en salud ambiental. Siento que esto es lo que se esconde en el Algarrobico. Me parece oportuno y más necesario que nunca tomar conciencia de cuáles son nuestras verdaderas oportunidades, habilidades, creatividad, riqueza sostenible y no efímera que se derrumba en una crisis arrolladora. Sobre esto el Decrecimiento nos ofrece también muchas herramientas y conocimiento para el cambio (+info en decredocus.blogspot.com).

Son tiempos de creatividad, inventiva y cambio social, empezando por nuestra intimidad. No participando simplemente en la política como figurantes o con rechazo, sino siendo personas implicadas en nuestras propias condiciones de vida y las de nuestras futuras generaciones. Sin mediaciones, con responsabilidad, ampliando nuestra visión y valorando nuestra verdadera riqueza, que en mi opinión, se basa en nuestro entorno y en nuestro capital humano. Tal vez suena idealista, pero para muchas personas se trata de la verdadera ecología profunda.
Gracias por compartirlo. Me gustará saber tu opinión sobre este artículo.

Laura Domínguez
Rosado, Socióloga y formadora en ecología y salud ambiental
lauradrosado@gmail.com
www.red.ecosalud.es