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Vida Natural

PIB o IDH

 

El PIB es el indicador comúnmente usado para estimar la riqueza económica de un país. Según Wikipedia “La renta per cápita es la relación que hay entre el PIB (producto interior bruto) y la cantidad de habitantes de un país. Para conseguirlo, hay que dividir el PIB de un país entre su población”. El inventor del PIB Simón Kuznets fue el primero en criticarlo. Ya en 1934 advertía: ”Es muy difícil deducir el bienestar de una nación a partir de su renta nacional (per cápita)”

Según el credo neoliberal, cuanto más importante es el desarrollo y la producción (PIB) más importante es el reparto de riquezas para todos. Sería la llave de una sociedad libre y democrática. Para medir la riqueza de los países y hacer un ranking mundial se utiliza el PIB y nos hacen creer que cuanto más crece el PIB más crece la felicidad de los ciudadanos. Si en las orillas de un río se construye una fábrica de papel que emplea muchas personas, crece el PIB. Si esa fábrica vierte residuos contaminantes que dañan la salud de los vecinos, estos al ir al hospital para curarse harán crecer el PIB. Cuando se limpia el río para devolverle su biodiversidad y hacer posible que se pueda beber su agua, también crece el PIB. Como vemos, el PIB mide cualquier valor añadido o coste de producción sin tener en cuenta el patrimonio natural y social. Los accidentes de circulación, los partidos de fútbol o las carreras de coche también hacen crecer el PIB. Al no diferenciar lo que es útil de lo superfluo y al anteponer el deseo individual a la necesidad, la economía y el sistema capitalista han perdido la posibilidad de crear la construcción de un bien común. ”La publicidad substituye a la satisfacción de nuestras necesidades, la sed inextinguible de la persecución indefinida de los deseos infinitos con el medio del dinero” (GUIBERT, B., Antiproductivismo, altermundialismo, decrecimiento). La publicidad también hace crecer el PIB. Así el aire puro, el agua potable y accesible, los bosques y los animales que viven en ellos, y que son las riquezas que nuestros antepasados nos han legado, no son contabilizados en el PIB. La crisis que estamos viviendo es mucho más que una simple desregulación del sistema financiero. Todos los días oímos en los medios de comunicación cómo se ha estancado el crecimiento y cómo el PIB no va a crecer.

H asta ahora se ha asimilado el progreso de las sociedades occidentales con la acumulación de bienes y el crecimiento del PIB. “Es tiempo de admitir que el progreso de nuestras sociedades no consiste en un cúmulo de bienes, intensificación de los intercambios de mercancías o extensión del dominio humano sino en la capacidad en intensificar lazos y crear instituciones internacionales, nacionales y locales, que permitirán gobernar con sabiduría y administrar el Derecho de manera universal, desarrollar las condiciones de una soberanía popular y cambiar el modo operativo de mundialización por el de civilización” (Edgar Morin). Para las Naciones Unidas el PIB no es el indicador idóneo para medir la felicidad humana.

Por su parte, el IDH surge como una iniciativa para clasificar los países a partir de otras variables. Es elaborado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. Las tres variables empleadas son la esperanza de vida, la educación y la tasa de alfabetización, y un nivel de vida digno (medido por el PIB).

Sobre la historia del surgimiento del concepto del IDH y de su aplicación por parte del PNUD resulta útil leer El Poder de la Ideas. Claves para una historia intelectual de las Naciones Unidas de Richard Jolly y otros (Catarata, Madrid 2007). Otros indicadores de felicidad tienen como propósito crear otra relación con el medio ambiente y agregan otras dimensiones como la salud, el ocio, etc. Integran la dimensión social y humana (El buen vivir). La noción del buen vivir (sumak kawsay) ha empezado su andadura de la mano de los pueblos indígenas de Ecuador y Bolivia; se opone a la noción de desarrollo y propone otras vías para alcanzar el bienestar y la salud.

Para ser útiles, los Índices de desarrollo humano deben seguir las evoluciones de los recursos naturales y de la salud de nuestras sociedades, contabilizar todo lo que cuenta para la supervivencia de nuestra civilización. Y además deben ser un indicador de peligro, y promover las nuevas políticas públicas que tanto necesitamos.

“No se debe dejar en las manos de expertos el escoger lo que serán los recursos más importantes y las modalidades de su agregación en un nuevo indicador. Los ciudadanos en una deliberación pública de calidad, organizada en los diferentes peldaños de la sociedad al nivel local, profesional, nacional, y en espacios dedicados a ese propósito, son los que deben elaborar estos nuevos indicadores” (MEDA, D. Más allá del PIB. Para una nueva medición de la riqueza)

En conclusión debemos, por una parte, definir urgentemente nuestro concepto de progreso, descartar la acumulación de bienes como única fuente de felicidad. Y por otra parte, crear en nuestras sociedades sistemas de control democráticos radicales que puedan reorientarnos hacia una manera de vivir que sea más agradable hoy y que preserve el planeta de tal manera que las generaciones venideras puedan vivir bien y en paz.

Antonio Martínez