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Las Autóctonas

L’Atelier-Níjar presenta una exposición temática colectiva titulada “Las Autóctonas”. Participan 25 artistas de la región, ofreciéndonos su visión personal según su sensibilidad y el tipo de material con el cual se expresa.

Están por todas partes, pero muchas veces ni las vemos. Las pisamos al andar, arrancamos las que crecen cerca de nuestras casas y las llamamos malas hierbas. Nos quejamos porque pinchan o sus semillas quedan agarradas en los pelos de nuestras mascotas y en los calcetines. Conviven con nosotros, pero las ignoramos. Hemos perdido este punto de conexión, este vinculo, mezcla de conocimiento y respeto que tuvimos con ellas hasta hace muy poco.

Desde siempre a nuestra disposición, las hemos usado y utilizado para sus virtudes terapéuticas, gastronómicas, y prácticas. Hablamos de estas olvidadas y discretas plantas, las de aquí, las nuestras, las autóctonas.

© Sophie Cuendet

En un lugar tan seco donde conviven flora, fauna y humano en un frágil equilibrio, el conocimiento y la recolecta de las plantas tenía que ser una labor minuciosa en un tiempo relativamente corto. Porque es solamente en otoño, con tres gotas de lluvia y un rocío más abundante que el Cabo de Gata cambia totalmente de parecer y se cubre de vegetación. De cada espina, de cada matorral seco brota la vida en una explosión de diminutas flores multicolores, hojas frescas y tallos tiernos.

 

En verano, ningún visitante puede imaginarse que Monsul o Genoveses puedan teñirse del rojo intenso de miles de flores de amapolas. Los campos se llenan del amarillo limón e intenso de la “vinagreta”, delicia de los niños. Minúsculos lirios violetas, narcisos y clavelinas del tamaño de una moneda de 2 céntimos, las espigas de los gladiolas de color magenta intenso, las flores extrañas del arum rodeadas de sus largas y brillantes hojas de un verde oscuro. Las playas se colorean del azul añil de las siemprevivas. Plantas endémicas se esconden en sitios específicos, según la composición del suelo, adaptadas a los extremos de esta climatología.

La flora del Cabo de Gata, un regalo y una sorpresa para los ojos. ¿Pero quién recuerda sus propiedades?
Antiguamente la cosecha y el almacenamiento de estas plantas debían de ser una forma de sobrevivencia en estas tierras apartadas. Transmitido de generación en generación, el uso de las plantas entraba en el cuidado y el bienestar de toda la familia. Gracias a la sabiduría popular se sabía como recolectar y que partes de las matas utilizar, según el uso que se le quería dar:

Para consumir, aderezar, sazonar, curar, beber, conservar. (Hinojo, ajedrea, romero, matagallos, tomillo, manzanilla, ajipuerro, acelga triguera, bojalaga, espárrago, malvavisco, cantueso, garranchuelo, zahareña, rompepiedras, amapolas...)
Para la elaboración de pomadas, ungüentos y cremas. Para proteger de los insectos.
Para confeccionar canastas, cestas, alforjas, alfombras y escobas (esparto, palmito, caña…)
Para la construcción de cortijos y cercos (pitas aunque estén consideradas como plantas invasoras, cañas…) Para teñir (granado, rúa…)

El uso de plantas envueltas en misterio.
En manos de curanderas y curanderos, las plantas tienen un uso más esotérico. Curan “el mal de ojo”, “el sol en la cabeza “ o “la tericia”. En estos casos, las plantas se acompañan de extraños rituales y manipulaciones con rezos. Para realizarlos se usa generalmente el beleño, y el torvisco (igualmente llamado matapollera o bufalaga).
(Recordamos que el Cabo de Gata es un parque natural y que no se pueden recolectar ninguna de sus plantas.)

 

Fotos:
© Chloé van der Mije
© Chloé van der Mije
© Chloé van der Mije

La flora en el arte.
La flora tiene también un sitio privilegiado y un lenguaje propio en la poesía, la simbología y la estética.

Aunque muchas veces asociadas a la idea de un romanticismo que tiende a la cursilería, muchos artistas las utilizaron como fuente de inspiración a lo largo de los siglos.

Desde el antiguo Egipto hasta las serigrafías de Andy Warhol, de la vegetación geometrizada del islam hasta las flores monumentales y sensuales de Georgia O’Keffe; en el movimiento Art Nouveau, la pintura tradicional china, las estampas japonesas, en las obras de Séraphine de Senlis, de Monet, van Gogh, Redon, Klimt y tantos otros la flora vuelve como tema recurrente. Florece en instalaciones de cerámica, de metal o de resina o se utiliza directamente elementos vegetales como materia prima, quedando plasmado el resultado del land-art en fotografías.

Asociación Tierra y Cultura Cabo de Gata-Níjar

Participantes:
Jeanne Chevalier, Fo. Martin Pastor, Juan Mozos, Pedro Soler, Jordi Garrida, Chloé van der Mije, Matthew Weir, Ernesto Pedalino, Anne Kampshulte, Uli Schwander, José Manuel Palomares, Gabriela Pertovt, Marianne Suter, Annie Chiva, Angela Artero, Emilio Bisbal, Estela Castillo, Isabel Soler, Jorge Salmerón, Isa Monteoliva, Encarna Morales, Natalya Ramanova, Inma Fernández, Mario Sanz, Sophie Cuendet.