La primera publicación académica sobre la huella ecológica fue hecha por William Rees en 1992. El concepto de huella ecológica y el método de cálculo fueron desarrollados como la tesis doctoral de Mathis Wackernagel, bajo la supervisión de Rees de la Universidad de British Columbia en Vancouver, Canadá, de 1990 a 1994. Originalmente, Wackernagel y Rees llamaron al concepto “apropiada capacidad de carga”. Para hacer la idea más accesible, a Rees se le ocurrió el término “huella ecológica.” A principios de 1996, Wackernagel y Rees publicaron el libro Nuestra Huella ecológica: La reducción de impacto humano sobre la Tierra.
(http://www.masr.com.mx/que-es-la-huella-ecologica)
Según definen estos autores es:
"El área de territorio ecológicamente productivo (cultivos, pastos, bosques o ecosistema acuático) necesaria para producir los recursos utilizados y para asimilar los residuos producidos por una población definida con un nivel de vida específico indefinidamente, donde sea que se encuentre esta área".
En el cálculo se tiene en cuenta el espacio ocupado por las infraestructuras, viviendas, equipamientos, vías, etc., reduciendo así la superficie de ecosistemas productivos.
No se contabiliza la contaminación del suelo, la contaminación del agua, la erosión, la contaminación atmosférica (a excepción del CO2).
Se asume que las prácticas en los sectores agrícola, ganadero y forestal son sostenibles, que la productividad del suelo no disminuye con el tiempo. Obviamente, con el tiempo, la productividad disminuye, a causa, entre otras, de la erosión, contaminación, etc.
Se puede medir la huella ecológica de un país, de un producto, de una industria o de una persona. La unidad de medir la huella ecológica es la hectárea global (hag) es la superficie de ecosistema necesaria, para producir los recursos consumidos y absorber los residuos generados por un ciudadano y por año.
La media mundial es de 2,3 hectáreas por persona. Los Estados Unidos tienen una huella de 9,4 hectáreas por persona, España 5,7, al opuesto Timor occidental 0,4.
Como vemos, el impacto sobre el medio ambiente varía fuertemente entre los países más ricos y los más pobres.
Una vez estimado el valor de la huella ecológica de un país, por ej., se puede calcular las superficies reales de cada tipología de terreno productivo (cultivos, pastos, bosques, mar y terreno urbanizado) disponibles en el ámbito de estudio. La suma de todos ellos es la Capacidad de Carga Local y está expresada en hectáreas por habitante.
La comparación entre los valores de la huella ecológica y la capacidad de carga local permite conocer el nivel de autosuficiencia de este país. Si el valor de la huella ecológica está por encima de la capacidad de carga local, el país presenta un déficit ecológico. Si, por el contrario, la capacidad de carga es igual o mayor a la huella ecológica, la región es autosuficiente.
En el caso de España necesitamos más de tres veces nuestra superficie para satisfacer las demandas de recursos naturales y para absorber los desechos. En un país como India hoy en día hay equilibrio entre los dos valores.
Si todos los humanos tuvieran la forma de vida de un americano medio, necesitaríamos entre cinco y seis planetas para producir lo que sería consumido.
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