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Vida natural

Demografía responsable

En 1798, Thomas Malthus publicó su ensayo sobre la población y pronosticó que la producción alimentaria no sería suficiente para alimentar a todo el mundo porque la población humana aumenta en progresión geométrica, mientras que el suministro de comida sólo puede aumentar en progresión aritmética. Es admirable que alguien se preocupara de este problema antes de la revolución industrial y cuando la población mundial era sólo de 1.000 millones. Malthus no podía prever que los descubrimientos tecnológicos, la revolución industrial y, posteriormente, la revolución verde, iban a crear condiciones favorables para el aumento de la producción de alimentos y en consecuencia de la población. Malthus se adelantó en 200 años, su teoría fue a menudo ridiculizada y su nombre sirve de manera peyorativa para designar a las personas que pretenden controlar la natalidad.

En 1968 el aviso de Malthus fue rescatado por el americano Paul Ehrlich en su libro La bomba P, que predecía que, a partir de los años 70, las hambrunas y otras catástrofes iban a azotar a los humanos. Evidentemente fue acusado de “Maltusianismo”. En los años 80 Paul afirmaba que los indicadores de salud ambiental: temperaturas globales, CO2, estado de las tierras cultivables, bosques, capacidad reproductora de los humanos, etc… iban a degradarse. Dieciséis años antes, Rachel Carlson había alertado sobre los daños causados por los pesticidas. En su libro La primavera silenciosa demuestra que los pesticidas son potentes perturbadores endocrinos y producen infertilidad en los animales y los humanos. En 1972 el club de Roma alertaba sobre los límites del crecimiento. A partir de esa fecha los temas de superpoblación y los de contaminación fueron una preocupación para las Naciones Unidas que crearon el "Día de la Tierra”, hoy día convertido en un acontecimiento mundial.

“Si seguimos en esta misma vía, si no hacemos nada para reducir el crecimiento de la población mundial, lo vamos a pagar muy caro, nos vamos a encontrar con un mundo superpoblado. La demografía tiene un impacto sobre el desarrollo económico, el medio ambiente y los recursos del planeta, que son limitados.” (Kofi Annan, secretario general de la ONU de 1997 a 2006)

En el campo de la alimentación, Malthus y después Ehrlich no habían previsto la capacidad de los campesinos para aumentar las producciones. La revolución verde y las técnicas de hibridación han dado la impresión de que podríamos alimentar globalmente (sin tener en cuenta la repartición desastrosa y el despilfarro) a una población en constante progresión. Este espejismo está en el centro de la ideología liberal del crecimiento infinito, incompatible con la realidad de un mundo finito. La creencia ciega en que la tecnología (transgénicos) solucionará cualquier problema que surja impide que se tomen las decisiones adecuadas para resolver estos problemas cruciales.

En la actualidad, 985 millones de personas sufren de hambre o de malnutrición viviendo con menos de 1 dólar diario, otros 2.600 millones viven con 2 dolares al día, según un informe del Banco Mundial. La inmensa mayoría vive sin electricidad y trabajan la tierra sin maquinaria. Con tan poco poder adquisitivo podemos decir que no pueden ser considerados como los responsables de los problemas a los cuales se enfrenta el planeta.

El impacto de la población mundial sobre los recursos planetarios varía según los países. La huella ecológica de los Estados Unidos no es la misma que la de Timor. Para vivir como un europeo medio necesitaríamos tres planetas. Queramos o no, la cantidad de CO2 emitido, los deshechos producidos y la contaminación están en relación directa con el aumento de la población, sobre todo la de los países ricos. El consumo de un americano es 20 veces mayor al de un africano en términos de impacto sobre los recursos: si multiplicamos por 20 la población de Estados Unidos, 300.000.000 x 20 = 6.000.000.000, nos damos cuenta que la población de EEUU es equivalente a 6.000 millones de africanos. Hay que ser muy claro, de los 7.000 millones de humanos, 1.000 millones de ellos acaparan el 80% de los recursos y son los principales responsables de las contaminaciones.

Para nuestra Madre Tierra la superpoblación de Estados Unidos, de Europa o de Japón es mucho más depredadora que la de los países que tienen una huella ecológica menor. También sabemos ahora que nuestra manera de vivir no es exportable hacia los países del sur, no hay suficientes recursos en el planeta para que cada chino o indio tenga su coche, su ordenador o smartfone.

Podemos decir que los natalistas condenan a una parte de la humanidad a ser pobres. En algunos países como Paquistán o Nigeria y en muchos más que tienen una natalidad incontrolada, es muy difícil que los niños puedan tener una vida digna y un acceso a las necesidades básicas como son derecho a un techo, agua y educación.
Otro factor de natalidad fuerte es la sumisión de la mujeres a los varones; en muchos casos y países son los hombres los que no quieren que sus mujeres tengan acceso a los sistemas de contracepción. En algunos lugares, como en Filipinas, es la iglesia católica la que se opone a la planificación familiar y asemeja la píldora contraceptiva al diablo, culpabilizando así a las mujeres. Sabemos que la mejor manera de controlar la natalidad consiste en ofrecer más educación a las mujeres. Está comprobado que cuando las mujeres tienen acceso a la educación, a la libertad de escoger, a la autonomía financiera y a la contracepción, la tasa de natalidad baja: es de 1,5 en España, 1,4 en Alemania, Italia y Rusia, 1,2 en Corea, 1 en Taiwán, 0,8 en Singapur.

Las previsiones de aumento de la población mundial

Según las estimaciones de la ONU, la población mundial en 2100 se moverá entre los 15.800 millones de personas para la estimación más alta y los 6.200 millones para la más baja, una cifra incluso por debajo de los 7.000 millones actuales. Las variables que afectan esta previsión son las tasas de natalidad y de mortalidad.

En la mitad del siglo XX las reformas sanitarias y las medicinas tienen como consecuencia una caída de la mortalidad infantil y un aumento de la longevidad de las personas, haciendo pensar en un aumento exponencial de la población humana.

En las últimas décadas sin embargo ha descendido mucho el número global de nacimientos. Debido a las restricciones de las políticas liberales de sanidad y el aumento de las enfermedades ligadas a nuestro modo de vida y alimentación, la longevidad tiende a estancarse, como es el caso en Estados Unidos. Por otro lado y debido a la contaminación química, la tasa de fertilidad de los humanos ha caído más de un 40% desde 1950.

Como vemos, estamos en presencia de dos fuerzas antagonistas, por una parte una formidable capacidad de los humanos para reproducirse y aumentar en número y, por otra, una fuerza, no menos formidable, de destrucción que ellos mismos han creado (las armas de destrucción masiva convencionales o atómicas y un sinfín de productos químicos capaces de provocar cánceres de todo tipo e infertilidad).

La población mundial sin control

Los países en general no tienen una política de natalidad global y coherente.

Los antinatalistas
China, el país más poblado del mundo, ha impuesto el hijo único de una manera brutal. Se considera que entre 300 y 400 millones de chinos no han nacido con esta política y a su vez ha provocado un infanticidio importante sobre las nacidas niñas.

En el segundo país más poblado del mundo (India) la política de planificación familiar es la más coercitiva del mundo. A pesar de los errores cometidos en el pasado con la esterilización forzada de las mujeres, cuando Indira Gandhi ostentaba el poder. La esterilización de las mujeres es el objetivo prioritario del gobierno y se desarrolla sin tener en cuenta la opinión de las interesadas, solo el año pasado 4,6 millones de mujeres han sido esterilizadas, a menudo en condiciones sanitarias muy deficientes y sin apenas dar información a las pacientes. Los otros medios de contracepción no son promovidos correctamente y chocan con las culturas natalistas de los indios. Por estas razones se teme que la planificación familiar no tenga el efecto deseado.
Cuando se informa correctamente a las mujeres y se ponen los medios adecuados, las políticas no coercitivas funcionan muy bien.

El caso de Irán es representativo: según quién estuviera en el poder y dependiendo de las necesidades, las autoridades pusieron en marcha políticas de natalidad contrarias, con éxito en ambos casos. Antes de la revolución islamista se puso en marcha una política voluntarista de natalidad negativa, explicando y proporcionando todos los medios de contracepción. La campaña fue un éxito. Con la llegada de Jomeini y la guerra contra Irak, se rebajó la edad legal para casarse de las mujeres de 18 a 13 años y la política fue forzosamente natalista (se necesitaba carne de cañón). Cuando se acabó la guerra, al contemplar los enormes problemas que había provocado esa fuerte natalidad (había que cobijar, dar trabajo, educación, etc., a todos estos iraníes), el Ayatolá Jomeini cambió de política. La tasa de natalidad era de 9 hijos por mujer, el lema para conseguir un descenso de la tasa fue: “un hijo está bien, dos es suficiente” y otra vez se pusieron a disposición todos los medios contraceptivos con éxito. En la actualidad con la subida del fundamentalismo, hay otro cambio radical, se necesitan iraníes para luchar contra el imperialismo Americano y judío. El ayatolá Ali Jamenei ha vuelto a prohibir la vasectomía y las ligaduras de trompas.

Es una paradoja que los países mas natalistas sean a menudo países en guerra (Israel, Palestina, Irán, Serbia) los países pobres o los países exageradamente nacionalistas. A veces son por motivos racistas. Como vemos, las motivaciones de los natalistas no obedece solo al amor por la progenitura.

Cuando a Emil Cioran, filósofo y escritor rumano, preguntaron por qué no tenía niños, respondió: ”Porque los amo demasiado”.

Los natalistas
Por otra parte las políticas de control de natalidad no son bien vistas por los católicos y tampoco por las alas puritanas de los protestantes, los islamistas integristas y los judíos ortodoxos.
Cualquier idea sobre el posible control o autocontrol de nuestros comportamientos y de nuestra manera de vivir, incluyendo la de reproducirse, es intolerable a los ojos de los neoliberales. Los mercados necesitan cada vez más consumidores y que consuman cada vez más. En general para los gobiernos europeos parece que una natalidad fuerte fuera la única solución para solucionar el problema de las jubilaciones. Se necesitan jóvenes activos para cotizar y poder pagar a los inactivos. La tasa de natalidad baja es un argumento para prolongar el tiempo de trabajo y para bajar las pensiones de los jubilados. Por razones culturales o económicas actuamos como si los recursos del planeta no tuvieran límites y que nuestra colonización del medio ambiente no provocara problemas. Hay un detalle que se nos escapa a menudo, es que debemos compartir el planeta con los otros animales domésticos o salvajes. Los científicos nos alertan de que la extinción de especies animales que empezó en el Holoceno se está acelerando de manera exponencial.

Para concluir, podremos difícilmente aumentar la producción de alimentos sabiendo que la adicción de la agricultura intensiva a las energías fósiles, cada vez más escasas, lo hace difícil. Los rendimientos agrícolas están en baja. No deberíamos deforestar como lo hacemos en la actualidad ni para los agro carburantes, ni para producir el aceite de palma o incluso para la alimentación. Tenemos que cuidar el medio ambiente si queremos que nuestros hijos puedan tener condiciones de vida aceptables. Esto pasa por controlar nuestro impacto ecológico sobre los recursos del planeta y nuestra demografía. En los países donde se ha desarrollado una planificación familiar, la natalidad se ha reducido de manera significativa. Sin embargo, si no se hace nada para controlar la población mundial y si esa población no hace nada para controlar su huella ecológica, ocurrirá que las hambrunas, las guerras y las enfermedades controlarán a la población mundial. Correremos el riesgo de ver a los países ricos convertidos en fortines para impedir la inmigración generada por el cambio climático y las hambrunas. No veo razones por las que temer un decrecimiento de la población mundial, sobre todo si este decrecimiento se hace con medidas no coercitivas y respetando los derechos humanos.

Películas:
La edad de la estupidez dirigida por Franny Armstrong y por John Battsek
Los hijos de los hombres de Afonso Cuaron

Documentales:
Homo Toxicus de Carole Poliquin
Riesgos químicos de Pedro Barbadillo
Nuestro veneno cotidiano de Marie Monique Robin

Libros:
La cuenta atrás de Alan Weisman.
El mundo sin nosotros de Alan Weisman
La primavera silenciosa de Rachel Carlson
La bomba P de Paul Ehrlich

En la web:
La construcción de un furturo sostenible en un planeta en riesgo de Amparo Vilches y Daniel Gil Pérez:
http://www.uv.es/~vilches/documentos%20enlazados/La%20construcci%
F3n%20de%20un%20futuro%20sostenible.pdf

Blog de Julio Pérez Díaz:
http://apuntesdedemografia.com/2010/07/29/la-bomba-demografica-de-paul-ehrlich/

Antonio Martínez