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Vida natural

Salud ambiental

Del alimento tradicional a la comida industrial

En esta ocasión quiero contaros mi visión sobre la alimentación industrial y sus consecuencias en nuestra salud y nuestro entorno natural, a petición de un fiel lector que así me lo ha propuesto. En la elección de nuestra dieta y de los productores/as que nos abastecen se esconde un gran acto de responsabilidad y acciones individuales y colectivas tan poderosas, que son capaces de cambiar el mundo.

Trascendencia social de los hábitos alimentarios
En el primer artículo con que inauguré esta sección, sobre los grupos de consumo, expuse la importancia de transitar hacia el comportamiento “prosumidor/a”, buscando un mayor equilibrio entre lo que consumimos y producimos.

Profundizando un poco más, propongo:
- Tomar conciencia de a quien financiamos con nuestra compra de alimentos, por ser el primer paso para desarrollar nuevas formas de economía, trabajo y salud. El poder de la sociedad de consumo en masa reside en que, con cada compra financiamos a un grupo empresarial y promovemos su política tanto de personal como de producción y contaminación, siendo cómplices. ¿Sabes a quién estás dando tu poder y confianza?

- Conocer la procedencia y el proceso de producción de lo que comemos, pidiendo información, buscando la calidad y la justicia, por encima de la saciedad inmediata de nuestros impulsos individuales al mejor precio.

- Consumir productos locales “de cercanía” o “km. 0” significa salud para nosotras como personas pero también el desarrollo económico local, la reducción de la contaminación y de los abusos de poder de las multinacionales vs. pequeños/as productores/as. Supone un mayor reparto de la riqueza y un acto de empoderamiento sobre las formas de producción, distribución y las condiciones de nuestra salud.

- Las consecuencias de la sobrealimentación industrial son el aumento de graves problemas de salud como el cáncer, las alergias, la obesidad o los problemas cardiovasculares. Pero también modifican nuestro medio ambiente, el paisaje y afectan a la calidad ambiental contaminando y generando muchos residuos.

Somos lo que comemos.
Comparto la filosofía “slow food” (www.slowfood.es) de la cuál extraigo parte de su manifiesto: “comencemos por la mesa, redescubramos los aromas y la riqueza de la cocina local... plantemos cara al tipo de productividad que cambia nuestro estilo de vida, amenaza el paisaje y el medio ambiente... luchemos por el desarrollo del gusto y resistámonos a su empobrecimiento, para que podamos hablar de progreso, cultura y un mejor porvenir...”

Hipócrates, que murió con 107 años, demostró con su trabajo fundamental la importancia de “Que tu medicina sea tu alimento.” Cada persona es responsable del combustible con que se alimenta porque es lo que crea o destruye, desde células hasta formas de vida comunitaria.
En mi trabajo por la salud pública y afrontando la mía propia, he descubierto la capacidad de la alimentación en nuestro estado integral (físico y emocional), dada la cantidad de hormonas sintéticas que contiene la comida industrial.

Entre otras cosas me planteo:
- La manera en que nuestros sentidos del gusto, el olfato, la saciedad, incluso la adicción a ciertos aditivos, comidas “basura” o azúcares, está bastante dirigida por la publicidad, los hábitos de vida centrados en el trabajo y la comida rápida y porque confiamos plenamente en la seguridad alimentaria. Si conociéramos la forma en que se produce lo que comemos, cambiaríamos nuestra dieta y proveedores. Te animo a investigarlo, canasto en mano.

- La diferencia entre comer y alimentar. ¿Te has dado cuenta? Cuando comes, ¿te sacias o te nutres? Necesitamos tomar conciencia del efecto de cada alimento en nuestra energía, digestión, satisfacción, adicción a ingredientes, para encontrar la mejor alimentación particular para cada persona y prevenir enfermedades.

- Practicar dietas de detoxificación: reducir los alimentos sólidos hasta el ayuno progresivo y volver a comer empezando con líquidos, alimentos crudos, veganos. Añadiendo nuevos alimentos progresivamente a nuestra mesa, se comprende el efecto de cada uno en nuestros cuerpos y la relación con la alimentación y nuestro estado físico, psíquico, integral.

- Limpiar nuestro hígado con la dieta es imprescindible porque es como el “sumidero” de nuestros desechos. Si se atasca produce problemas de salud que se agravan con los años.

- Aprender a reconocer y adaptar la necesidad diaria de comer de distinta forma, según nuestra actividad física e intelectual: desde hacer ayunos, a días de fruta o infusiones.

- Comer despacio, a parte de un placer, es una forma de facilitar la digestión y de agradecer el trabajo que supone cada alimento, tanto por parte de la tierra como de quien lo produce. Comer con ansiedad responde a una sensación de desprotección que no se sacia comiendo, sino desarrollando actitudes y vínculos distintos. Cocinar y comer con alegría provoca una distinta digestión a la que se hace comiendo rápido y de mal humor.

- La comida “basura” o industrial es más económica pero tomando comida ecológica, con menos cantidad estamos más saciadas y alimentadas, finalmente resulta más económica, sobre todo si valoramos las enfermedades y toxicidad que prevenimos comiendo sano.

- Los alimentos más peligrosos son los “venenos blancos”: azúcar, harina, sal y arroz refinados, leche de vaca pasteurizada, entre otros. La mayoría de aditivos tóxicos son adictivos, crean dependencia y ansiedad vs. nutrición. Están detrás de los trastornos alimentarios como la bulimia o la anorexia, muy relacionados también con la confusión entre salud y belleza estética.

- El valor nutritivo de un plato de comida se puede ver en la variedad de colores, si es todo blanco o verde o marrón… Le faltaría equilibrio en sus nutrientes. ¿Qué opinas?
Cuando sustituimos los alimentos industriales por ecológicos, orgánicos o artesanales, reducimos la carga tóxica que todas las personas tenemos acumuladas en nuestras grasas y la que dispersamos por todo el planeta.

Tener una dieta variada es mucho más eficaz que reducirla, por ejemplo, a vegetales -altamente contaminados por biocidas- dados los niveles de contaminación global, es muy difícil acceder a alimentos integralmente ecológicos.

Por último, me gustaría saber tu opinión sobre los conceptos, ¿por qué llamamos ecológico a lo que tradicionalmente es “normal” y no llamamos “industrial” o “basura” a la alimentación sintética, posmoderna?

Para profundizar en este tema sería necesario un espacio más amplio, por lo que os emplazo a la escuela ww.ecosalud.es, si queréis aprender más sobre nutrición. Durante este verano ofrecemos cursos, talleres y tertulias sobre salud ambiental y ecología. Me gustará saber tu opinión y qué temas te interesan sobre salud ambiental para próximos artículos y actividades.

ECOSALUD PARTICIPA
Seguimos trabajando como red de apoyo para la salud ambiental y, para continuar con nuestras propuestas de intervención local, abrimos una consulta popular:

- ¿Qué medidas concretas consideras oportunas para proteger, desarrollar y mejorar el Parque Natural Cabo de Gata y las formas de vida de su población? Por ejemplo: Que el edificio en desuso, situado en la playa de Mónsul, se convierta en un centro de educación, protección y salud ambiental que gestione un ocio ecoturístico saludable que fomente la conservación del Paque Natural, la riqueza y la justicia local.

El objetivo es elaborar un plan de trabajo participativo para desarrollar estrategias locales por el bien común.

Más información en www.ecosalud.es

Laura Domínguez Rosado
Socióloga y formadora en ecología y salud ambiental
lauradrosado@gmail.com
www.red.ecosalud.es