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El picudo negro de los agaves

El picudo negro de los agaves, la plaga que podría acabar con las pitas de Almería.

Es un hecho constatado que las especies exóticas invasoras son la principal causa de pérdida de biodiversidad a nivel mundial. No existe prácticamente ningún lugar del mundo donde no se esté luchando para controlar a estas especies.

Este problema internacional depende del potencial biótico y de la resistencia al medio que posean estas especies cuando llegan a un nuevo territorio que no les corresponde. Pero el aumento de las temperaturas, como consecuencia del cambio climático, junto con la transferencia de estas nuevas especies, ya sea de modo accidental o intencionado, favorece la instalación de estos organismos, lo que supone y supondrá muy probablemente un grave peligro para nuestros ecosistemas.

Foto: Pitas plantadas como linde en Los Escullos © J.L. Molina-Pardo
 

La globalización mundial supone la principal amenaza en este sentido y requiere para solucionarlo que se activen protocolos de control transfronterizos más exhaustivos, y se conciencie de la importancia del mantenimiento de los ecosistemas naturales en las distintas regiones del planeta.

Los curculiónidos, conocidos como gorgojos y picudos, son una de las familia de coleópteros polífagos más importante y diversa de la superfamilia Curculionoidea. El carácter que mas diferencia a los curculionoideos del resto de coleopteros es su rostro alargado, en el extremo del cual poseen las mandíbulas que utilizan para perforar los vegetales y alimentarse. Su régimen alimenticio y su ciclo de vida, hacen que muchas de estas especies sean importantes plagas económicas (agricultura y alimentación, jardinería, medio forestal, etc.).

Concretamente, el picudo negro de los agaves, Scyphophorus acupunctatus es conocido popularmente como picudo del henequén, picudo del agave, picudo negro o max del henequén. Scyphophorus actualmente está integrado en la familia Dryophthoridae, familia muy emparentada con los curculiónidos. Originario del suroeste de Estados Unidos, Baja California, México y Centroamérica, está considerado como una de las plagas más importantes que afecta a los agaves, aunque también puede afectar a otras especies como yucas, aloes, dragos y nardos (Polianthes tuberosa). Esta especie comparte muchas características con el picudo rojo por lo que si no se le conoce bien, podría llevar a la confusión de los ciudadanos en su detección.

Han sido muchas las especies introducidas en diversas regiones de todo el mundo sobre todo con la importación de materiales vegetales. Por esta razón, los controles fitosanitarios en las fronteras, ejercen un papel muy importante en la sanidad vegetal cuando se transporta una mercancía de un país a otro.

 

En este caso, el picudo negro de los agaves ha sido introducido en regiones áridas y tropicales, probablemente con la importación del Agave sisalana (sisal), por su uso como planta productora de fibra e incluso como ornamental.

La localización de esta plaga en España, concretamente en Barcelona (2007), parece corroborar la teoría de la importación a través de material vegetal para ornamentación o cultivo, probablemente en las mercancías que llegan al puerto de esta ciudad, uno de los que más volumen mueve en España y la región euromediterránea, con conexiones muy importantes con Iberoamérica y el Lejano Oriente.

El Agave americano es la especie huésped preferida en nuestro territorio, a diferencia de las otras especies de agave de tamaño mediano o más pequeñas. Este ha sido y es utilizado en taludes, márgenes y linderos, en muchas regiones del mediterráneo, conformando paisajes tan exclusivos en la provincia de Almería como la playa de Los Escullos o la entrada al Cortijo del Fraile.

La importancia de la llegada del picudo negro a la provincia radica en la concentración de pitas que existe en determinados puntos de la provincia, como consecuencia de las plantaciones que se hicieron entre 1956 y 1958. Se plantaron 23.000 unidades de sisal, y 48.500 de henequén. De estos cultivos no se obtenía el rendimiento esperado en crecimiento, perdieron por tanto su valor, resultando decisivo a partir de la revolución de las fibras de plástico, de manera que se abandonaron a su suerte. Con el paso del tiempo, estos bosques de pitas conforman un entorno y ecosistema único que ocupa más de 1.000 hectáreas en el Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar, ZEC Ramblas de Gérgal, Tabernas y Sur de Sierra Alhamilla. Esto quiere decir, que tenemos el escenario perfecto para que esta especie invasora se instale en estos terrenos.

Fotos:
Adulto de picudo negro © GCO
Daños ocasionados por las larvas © GCO
Orificio de entrada © GCO
Agujeros de alimentación © GCO

En principio es fácil de detectar si la pita esta infestada si encontramos los orificios de entrada del picudo a la roseta de la pita. Estos orificios se encuentran en la parte baja de las hojas, casi siempre en el centro de la pita. En estas cavidades la hembra deposita los huevos y después de su eclosión, la larva perforará la roseta y la parte periférica del cogollo del agave.

Además de los daños mecánicos de alimentación que realiza la larva, el picudo negro actúa como vector natural e introduce la bacteria Erwinia carotovora, causante de la pudrición de la pita.

Conforme avanza el ataque del insecto en el interior de la planta, se incrementa el estado de pudrición de los tejidos internos y la planta muestra un aspecto totalmente viscoso y oscuro, con un olor muy característico. El Agave infestado va adquiriendo cada vez un aspecto más marchito, hasta que tiene lugar el colapso de la planta y con ello, la muerte.

Hay que destacar la importancia que tiene el estudio sobre la biología de este curculionido en España, ya que la mayoría de bibliografía que encontramos pertenece a México y Venezuela, por lo que seguramente el comportamiento de la especie allí, difiera al ciclo de vida que puede estar teniendo en la península.

En general, este insecto mide de 9 a 15 mm y es de color negro mate. Son diversas las fuentes que indican que los adultos no poseen alas funcionales por lo que solo se desplaza andando. Este curculionido se mantiene activo durante todo el año, con diferentes generaciones superpuestas (especie multivoltina) capaz de desarrollar de 4 a 5 generaciones al año. La duración del ciclo biológico varía según la especie de agave huésped. Algunos autores indican un ciclo de vida de 50 a 90 días, y otros indican en Agave fourcroydes un periodo de huevo a adulto de 133 a 137 días. Las hembras hacen puestas de 4 huevos por mes, en total de 30 a 50 huevos. Con tal cantidad de generaciones anuales la dispersión de los adultos puede ser prácticamente constante durante todo el año, lo cual dificulta los medios de control pasivos (trampas de feromona, etc.). Algunos ejemplares llevan adosados al cuerpo una serie de ácaros que en principio no parecen estar afectando al picudo en sí. Se trata de ácaros foréticos (utilizan al picudo como medio de transporte) del orden Mesostigmata en su mayoría de la especie Uroobovella sp. Estos ácaros que también se observan en el picudo rojo, están registrados como especies cosmopolitas asociadas a diferentes especies coleópteros y que aunque no les afecten directamente, podrían hacerlo a su condición física si el número de ácaros que porta el picudo es demasiado elevado. En general, estos ácaros se aprovechan de las galerías que excavan los picudos dentro de las hojas de la pita, ya que le proporcionan además de refugio, una temperatura y humedad excelente, necesarias para para el desarrollo de su ciclo biológico.

Foto: Adultos en una hoja de pita © GCO

La pita (Agave americano) es también una especie exótica invasora, que carece de figura de protección ante las Administraciones competentes, con lo que los planes de actuación contra la plaga del picudo negro son inviables de manera institucional. Ninguna de las restantes especies de agave están incluidas en el catálogo nacional de especies exóticas invasoras, pero en la actualidad existe cierta controversia en torno a si deberían ser o no incluidas en el mismo. Las distintas administraciones competentes y en su caso los particulares podrían decidir actuar sobre las especies no incluidas en el catálogo mencionado.

Medidas que podríamos tomar:
• Sanidad vegetal en las plantas de importación. Es la principal medida porque una vez introducida la especie, el control es difícil en operaciones curativas o paliativas, ya que cuando se detecta el insecto en la planta huésped, ésta ya se encuentra totalmente afectada por la pudrición bacteriana y la planta ya se puede dar por muerta. Deben, por tanto, extremarse las precauciones preventivas en la entrada de material vegetal totalmente sano. Sin embargo esta acción no puede paliar por sí misma la situación actual.
• Eliminar el material infectado evitando nuevos focos de dispersión. Una de las principales medidas correctoras debería ser la detección precoz de las plantas infestadas, y su eliminación inmediata, incluidas las partes que se encuentran bajo suelo, ya que pueden albergar pupas para la siguiente generación de insectos adultos.
• Trampas de feromonas en campo. Tipo kairomonas, presentes en las hojas de las pitas. Esta medida funciona con otras especies de picudos y está dando buenos resultados. Además, esta línea de investigación ya se ha empezado en otros países, por lo que ya existe información y productos accesibles en nuestro país.
• Productos químicos: principalmente insecticidas sintéticos, pero su efectividad no es del todo adecuada para tener un buen control de la plaga, ya que el producto aplicado no llega hasta las larvas, pupas y adultos que se alojan dentro de las hojas de los agaves.
• Investigar posibles enemigos naturales como los hongos o nemátodos entomopatógenos de alta especificidad para esta especie. Este punto tal vez sea el más conocido, pues existe todo un campo de investigación dedicado al uso de estos enemigos naturales y que están dando relativos resultados por ejemplo con el picudo rojo.
• Control biológico: En las zonas de origen de este insecto, varios autores han descrito algunos enemigos naturales de las larvas como: parasitoides (Bracónidos), depredadores como coleópteros (Histéridos) o algunos géneros de hormigas cazadoras (Ectatomma y Odontomachus). Estas especies también están presentes en España, pero es pronto y la sincronización de los ciclos aun no es viable, lo que supone una baja eficacia de estos enemigos naturales en el control efectivo del picudo.

 

Foto: Larvas en el interior de una hoja © GCO

En definitiva, la información que existe sobre esta especie en otros continentes puede darnos una idea de cómo se comporta pero es imprescindible llevar a cabo un estudio muy específico sobre el ciclo de vida, huéspedes y forma de dispersión de esta especie en nuestra zona, en España. Una vez sepamos cómo actúa este picudo, podemos seguir las estrategias que se han desarrollado y que están dando resultados con especies tan emparentadas como el picudo rojo, para ir más rápido en cuanto al desarrollo de estrategias de control. Aunque estas medidas no controlarían al picudo negro de la noche a la mañana, podríamos conseguir que los daños fueran compatibles con la existencia de la vegetación.

De otro modo, en poco tiempo desaparecerán casi todos los ejemplares de agave, aloe, yuca, y quizás algo más grave, algunas especies autóctonas sobre las que aún no sabemos si este gorgojo es capaz de vivir.

Gemma María Clemente Orta
Estudiante de doctorado del Grupo de Investigación: Control de plagas Agrícolas y Forestales, de la Escuela Técnica Superior de Ingeniería Agraria, Universidad de Lérida.
Miembro de Serbal
(Sociedad para el Estudio y Recuperación
de la Biodiversidad Almeriense).