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Viaje literario por el Parque

El poeta que traemos a nuestro Parque es sobradamente conocido en el mundo literario: Jesús Munárriz (navarro nacido en Donostia, 1940, madrileño de adopción). Poeta, novelista, traductor, director de revistas literarias, editor y compositor de letras para cantautores.

?La pasión por la literatura y, en especial, por la poesía forma parte de su personalidad y en este último campo demuestra una sensibilidad especial para la construcción de un ritmo, la selección de un vocabulario necesario y una inocencia figurativa que lo define como poeta de la cordialidad.

El poema titulado «Límites» y dedicado al triángulo geográfico del Parque Natural aporta una nueva perspectiva descriptiva del mismo desde una mirada que se confiesa primigenia (inocente) «Para el viajero que de tierras crasas/ a estas enjutas llega,/ todo da pie al asombro». Esta mirada primera queda plenamente confirmada en todo el extenso poema (52 versos en seis estrofas y una coda). La figura que organiza cada elemento temático es el oxímoron (la paradoja, la antítesis, la contradicción), pues del «asombro» se trata y este sólo puede expresarse en el límite mismo del lenguaje, en las fronteras impuestas por la propia naturaleza: «crasas/enjutas».

Foto: Cala Carnaje © Oscar Molina
 

Los primeros versos encuadran el paisaje imponente: el sol, el mar, las rocas, las piedras, la arena, el azul del cielo. A continuación el arranque del poema: «mundo de frontera», «abismo y desierto» y el asombro de contemplar que la vida más frágil y humilde se abre paso «una flor brota, una zarza se atreve», pero además los animales «se organizan». El poeta sentencia: «se entretejen los reinos» y proclaman su «autonomía». Tanto la descripción como la valoración se apoyan en palabras esenciales, que evocan por su sencillez lírica el pasmo del viajero ante este hábitat.

La estrofa última trata de explicarse, y explicar a los lectores, cuál es la «lección» que debemos aprender de esta herencia esencial recibida «para disfrutar del mundo». Una vez más la cordialidad y agudeza del poeta hacia este «límite» de contrastes que aprecia lo existente, valora la escasez, huye de lo superfluo y dispuesto «a prescindir, renunciar y aceptar», pero además, paradoja irónica, a disfrutar.

 

Límites

El sol, la sed, la sal,
el mar; su seductora,
su falaz fluidez,
su amargo ánimo.

Rocas, piedras, arena,
rostro exhausto,
reseco, de la tierra.

El azul impasible, inmutable, del cielo
su inclemente esplendor,
su indiferencia,
de belleza cubriendo
la engañosa humedad,
la aridez bronca.

Y en este mundo de frontera, inhóspito,
entre abismo y desierto,
aliento, ahogo,
de pronto aquí y allá,
con timidez
y determinación
una flor brota, una zarza se atreve
a asomar desafiante,
discretos animales
en grietas y forados se organizan,
hay vida entre aire y tierra,
entre agua y aire,
se entretejen los reinos,
se entrelazan,
y escamas, briznas, élitros proclaman
su humilde persistencia,
su terca voluntad,
su autonomía.

Foto: Entre la Cala de la Media Luna y Cala Carbón © OM

Para el viajero que de tierras crasas
a estas enjutas llega,
todo da pie al asombro,
a la extrañeza:
entre agobios también
la vida se abre paso,
se dice, más escueta,
más rala, pero firme y decidida,
con más vigor que entre la exuberancia.

Lección que estos paisajes
apenas transitados
dan a quien sin prejuicios
se deja conquistar
por sus carencias:
apreciar lo existente,
valorar la escasez,
huir de lo superfluo,
estar siempre dispuesto a prescindir,
renunciar
y aceptar.

Y a disfrutar del mundo.

Mediante reiteraciones, dobles adjetivos, versos paralelos, similicadencias, aliteraciones, todo un reportorio retórico a la conquista de una cadencia rítmica esencial que contribuyen a crear esa atmósfera terrenal en tensión telúrica con el mar y consigue transmitir el pasmo lírico, una vez más, de los valores constituyentes de nuestro litoral.

Miguel Galindo
Colaborador del equipo de redacción del Eco del Parque