Gente del Parque

Nani Cambil, profesora de universidad

“En la Isleta no hay que recuperar la cocina tradicional porque todavía se mantiene viva”

Maria de la Encarnación Cambil Hernández es Gente del Parque por adopción y vocación. Residente temporal en La Isleta del Moro, donde contribuye a conservar y poner en valor su patrimonio para que este pueblo mantenga su identidad. Lo conoció por casualidad hace treinta años de la mano de una persona que amaba mucho este lugar y le enseñó a ella y a su familia todos los rincones y lugares del Parque. “No sé decir la razón ni el porqué, pero desde el primer momento se generó un vínculo emocional con La Isleta que se convirtió para mí en uno de los lugares a los que siempre quiero volver” -nos dice- “porque allí mi mente descansa, mi espíritu se tranquiliza y se puede escuchar el silencio”. Es doctora en Historia del Arte y Máster en Gestión Cultural, profesora titular de la Universidad de Granada y en su haber hay muchas publicaciones, entre ellas dos libros sobre La Isleta: “Las fiestas de San Agustín en La Isleta del Moro” y “Condimenta y alimenta: Historia de la vida cotidiana y recetas de cocina de las mujeres de La Isleta del Moro”, de reciente aparición, además de la coordinación del Calendario Gastronómico de 2022. (Véase Eco del Parque n. º 21).

¿Cómo eran el Parque y La Isleta en particular cuando llegaste y cuánto y cómo ha cambiado?
Era un lugar menos transitado que ahora, La Isleta era un pequeño pueblo marinero del que me impresionó la belleza de su paisaje natural, su bahía es algo único. En ese aspecto continúa como el primer día que la vi, pero han pasado treinta años e inevitablemente todo se transforma y en este sentido se han mejorado muchas cosas, otras se han modificado y otras por circunstancias de diversa índole se han ido perdiendo en el tiempo. Pero todavía conserva su esencia marinera y su identidad. Espero que la siga conservando muchos años.

¿Qué tipo de población vive actualmente en La Isleta de forma permanente?
En La Isleta, en su mayoría, viven durante todo el año las personas naturales de allí. No es un lugar habitado solo por los mayores del pueblo, sino que hay personas de todas las edades que tienen, en el lugar donde nacieron, su vida y su trabajo relacionado con la pesca o con la hostelería, pero también en otros ámbitos en lugares cercanos. Incluso parejas jóvenes viven todo el año aquí, donde nacen sus hijos e hijas, porque La Isleta es un lugar ideal para que los niños y niñas se críen; de hecho en los últimos años han nacido niños y niñas que llenan de vida el lugar y además son guapísimos, como siempre lo han sido los pequeños de La Isleta. Parte de esas personas, por motivos de trabajo y conciliación familiar, cuando los hijos crecen se marchan a vivir a la capital o a pueblos cercanos, para que puedan continuar sus estudios, pero cada fin de semana vuelven sin falta a La Isleta, permaneciendo de forma continua en verano y vacaciones. Desde que yo conozco La Isleta han vivido y viven durante todo el año personas y familias de fuera, pero siempre es una minoría.

Foto: Nani Cambil © NC

¿Cómo se relaciona la población autóctona con la nueva y la temporal?
Los habitantes de La Isleta son muy acogedores y siempre reciben con los brazos abiertos a las personas que viven allí de forma temporal o que llegan por primera vez. Mi familia y yo nos consideramos parte del pueblo y tenemos relación con personas isleteñas que nos acogen y nos hacen sentir como si fuéramos de su familia. Mi marido y yo tenemos buenos amigos y amigas, y mis hijas y mi hijo han generado también muy buenas relaciones con generaciones más jóvenes. Yo creo que todos somos de donde vivimos, todo el año o una parte de él. Porque hemos generado ese vinculo de identidad y permanencia en el lugar.

Has mostrado interés en las tradiciones de La Isleta, las perdidas y las actuales ¿Por qué?
Por deformación profesional. Soy historiadora, una de mis líneas de trabajo e investigación es el patrimonio cultural, por eso cuando llego a un lugar quizás veo un poco más allá. Para mí La Isleta no es solo un lugar de turismo de sol y playa, sino que tiene una historia muy interesante cuyo conocimiento ayuda a comprender la evolución social y económica de esta población. Testimonios de esa historia, que ha tenido y tiene lugar en el marco incomparable de su patrimonio natural, son los elementos que forman su patrimonio cultural, tanto material como inmaterial que, desde mi punto de vista, es importante conocer, comprender y valorar, ya que forma parte de la identidad de La Isleta y puede contribuir a lograr el desarrollo sostenible del territorio y que el turismo que recibe cada año también sea sostenible, en el sentido de que si las persona que llegan, conocen y comprenden el valor de su entorno natural, valoran el privilegio que supone disfrutar de él y de su patrimonio cultural, presente en sus costumbres, fiestas, gastronomía, sus formas de pesca, su agricultura etc., o en lugares como el lavadero, el pozo… le otorgarán valor y lo cuidarán, porque el patrimonio es de todos y tenemos la responsabilidad de legarlo en las mejores condiciones a las generaciones futuras.

 

Foto: Presentación del libro en La Isleta © JVS

En tu haber de publicaciones está el calendario gastronómico de 2022 y el libro de recetas que has coordinado ¿Tanta importancia tiene la gastronomía o es gusto personal?
A nivel personal me interesa la gastronomía, siempre me ha gustado cocinar y comer. Por un lado considero que la gastronomía tiene muchísima importancia, porque forma parte del patrimonio inmaterial y en concreto la de La Isleta, como la de toda Almería, pertenece a la Dieta Mediterránea y por tanto es nada más y nada menos que Patrimonio de la Humanidad. Por otro, también es muy importante porque a través de la cocina tradicional podemos conocer las formas de vida, los sistemas productivos y alimentarios (agricultura, pesca y ganadería) y la economía, tradiciones, etc. de un contexto concreto, en este caso La Isleta. Mi gusto personal por la gastronomía y la importancia que tiene a nivel patrimonial es evidente en el calendario y en el libro, aunque el objetivo de ambas publicaciones es muy diferente. El calendario es parte de un proyecto que surgió en una conversación durante una cena; el anfitrión es una persona que tiene un gran conocimiento de la historia de La Isleta y mucho interés por la conservación de su patrimonio. Durante la conversación se puso de relieve la importancia de conservar las tradiciones y también, como eran de gran interés, los conocimientos sobre esos temas que tenían las personas mayores como memoria viva, por lo que se debía hablar con ellas, pues cuando faltaran, esos conocimientos se perderían. A partir de ese momento empezamos a trabajar, y comencé a entrevistar a las personas mayores del pueblo para que me contaran sus experiencias y recuerdos con el fin de recuperar algunas fiestas y tradiciones perdidas en la memoria. Otra de las cuestiones que se abordaron fue que ya quedaban pocas mujeres que supieran hacer comidas como la harina torcía, y que era una pena que se perdieran. Por esta razón empecé a entrevistar a las mujeres mayores, preguntándoles cómo se hacían las comidas tradicionales y me fueron dando sus recetas con las que elaboramos el calendario, cuyo objetivo fundamental era gastronómico, aunque cada receta iba acompañada de la imagen de su autora.

Foto: Portada del calendario de recetas © JMJ

Foto: Portada del libro de recetas © NC

Valor etnográfico
El libro es algo completamente distinto, no es un libro de cocina tradicional, sino que tiene fundamentalmente un valor etnográfico. Durante las entrevistas que les fui haciendo a las mujeres mayores para el calendario, no solo me hablaron de la comida, sino que también todas me fueron contando, entre receta y receta, su vida cotidiana desde que eran niñas y me di cuenta de la importancia que esta generación de mujeres había tenido en el sistema de vida y productivo de La Isleta, ya que desde pequeñas no solo participaron y realizaron las actividades de mantenimiento de la familia, también denominadas “domésticas”, sino que habían sido esenciales en la economía familiar y en la de la comunidad. Mujeres portadoras de conocimientos heredados de sus abuelas y sus madres que sin saber leer ni escribir eran capaces de llevar la economía de la empresa familiar, atender partos, poner inyecciones, tener espacios comunes para cubrir las necesidades mínimas, pero además ayudaban a los hombres a transportar y vender el pescado, trabajan en el campo, cuidaban de los animales que tenían para el sustento familiar, iban a llevar el pescado a los cortijos de alrededor y lo cambiaban por productos que se necesitaban para la casa, o a venderlo, andando, a lugares cercanos; eran las cuidadoras del fuego, se iban a trabajar fuera para ayudar a la familia, etc. Todo desde que eran unas niñas. A esto se sumaba que la actividad hostelera, tan importante actualmente en La Isleta, siempre ha tenido detrás mujeres que transfirieron sus conocimientos desde el ámbito privado al público y realizaron una gran labor pedagógica enseñando a sus hijas y a otras mujeres que trabajaban en su negocio. Por todo ello consideré de justicia visibilizar la vida cotidiana y el trabajo de estas mujeres que no está recogido en ningún libro de historia, tomando como hilo conductor la cocina. Por tanto el valor de este libro es que en él se recoge la vida cotidiana de dos generaciones de mujeres, mostrando las relaciones intergeneracionales, de sororidad y cuidados entre ellas y lo que la cocina como espacio de relación social y la propia actividad de cocinar ha supuesto en la historia real de esta comunidad y en la historia de las mujeres en general.

Estas mujeres y sus recetas son: María García Fresneda: Cuajadera a la manera de María; Ángeles García Fresneda: Berza a la manera de Ángeles; Josefa López Robles: Pimentón picante con boquerones a la manera de Josefa; Ángeles Segura Picón: Picadillo de calabaza a la manera de Ángeles; Dolores Casado Segura: Harina torcía a la manera de Dolores; Antonia Segura Picón: Salmonetes con ajoblanco a la manera de Antonia; Ángeles León Segura: Pimentón a la manera de Ángeles; Adela Segura Picón: Tortas dulces a la manera de Adela; María Molero Ortiz: Acelgas esparragás a la manera de María; Antonia Fresneda Segura: Trigo a la manera de Antonia; Guillermina Casado Segura: Pisto a la manera de Guillermina; Carmen García Fresneda: Arroz en colorao a la manera de Carmen; Carmen Fresneda Blanes: Migas de pan a la manera de Carmen; Ángeles Fresneda Segura: Arroz aparte a la manera de Ángeles; María Fresneda Blanes: Fideos con jibia a la manera de María; María Dolores García Ortiz: Fideos con pintarroja a la manera de María Dolores; Juana Núñez Úbeda: Bacalao con tomate a la manera de Juana; Carmen Fresneda Segura: Gachas a la manera de Carmen; Josefa Fresneda Blanes: Ensaladilla de melva a la manera de Josefa; Carmen Díaz Becerra: Fritá de matanza a la manera de Carmela; Antonia Vergel Segura: Talvinas a la manera de Antonia; María Dolores Nieto García: Conejo a la manera de Lola; Ángeles Hernández León: Marraná de pulpo a la manera de Ángeles; Antonia Fresneda López: Roscos fritos a la manera de Antonia; María del Carmen Hernández García: Lecha a la plancha a la manera de María del Carmen; María de los Ángeles Navarro Fresneda: Jibia en salsa a la manera de María de los Ángeles; María Dolores Segura Casado: Calamar al aceite a la manera de María Dolores; María Dolores Navarro Segura: Fideuá a la manera de María Dolores; Francisca Vergel Segura: Flan de marisco a la manera de Paqui; María Segura Fresneda: Queso fresco a la manera de María; Alicia Hernández Molero: Conserva de pescado azul a la manera de Alicia; Antonia Hernández García: Gurullos con jibia a la manera de Antonia; María del Carmen García Núñez: Jibia a la manera del restaurante “La Ola” de María del Carmen. Total treinta y dos mujeres, cada una con su receta a su manera, ya que la misma receta puede cocinarse de forma diferente y así se especifica que es como cada una de ellas la cocina. Junto a estas recetas en el capítulo titulado Otra recetas, se recogen organizadas por guisos, pescados, carne, etc., otras que me dieron las mujeres durante las entrevistas.

Foto: Nani Cambil © NC

¿Qué se puede hacer o se está haciendo para que no se pierdan?
En realidad, todavía en La Isleta las mujeres mayores continúan cocinando los platos tradicionales, incluso siguen secando pescado y preparándolo en conserva. También otras mujeres no tan mayores cocinan como les enseñaron sus madres, comidas que forman parte de su dieta diaria. Pero además en los restaurantes de la localidad hay interés por conservar la gastronomía tradicional y en sus cartas podemos encontrar: la cuajadera, la jibia en salsa, la melva en aceite, etc. Uno de estos establecimientos en su menú diario incluye guisos como los fideos con jibia o el guisillo de cordero, propios de la cocina tradicional de La Isleta, e incluso si se le encarga, prepara los gurullos con caracoles, con conejo o con jibia, elaborando la masa de forma manual y pueden degustarse de postre unas talvinas. No hay que recuperar la cocina tradicional porque todavía se mantiene viva y acciones como las que se han hecho y se están haciendo y espero que continúen, contribuyen a conservarla.

¿Cuáles son los problemas actuales de La Isleta y, en general del Parque, cuáles podían ser soluciones?
Creo que en general en el Parque como en todos los lugares hay problemas y siempre hay soluciones, pero a veces las sinergias no son fáciles. Por eso más que de problemas y soluciones, lo que se impone es reflexionar sobre la importancia de la buena gestión que se debe hacer de los recursos que forman el patrimonio de este lugar, cuyo objetivo en el caso de La Isleta debe ser abrirla a todas las personas que, atraídas por su belleza, quieran visitarla. Porque solo así podrán entender la idiosincrasia del lugar y eso les permitirá enriquecerse y reencontrarse. Pero hace falta hacerlo de forma organizada y ordenada, para que quienes la visitan y los que conviven en ella la encuentren limpia, estén cómodos, tengan un lugar donde aparcar sin dañar el entorno y sin contaminar visualmente el paisaje. Es necesario hacerlo de forma coherente, sostenible y sobre todo manteniendo la identidad del lugar, porque si la pierde, será uno más de los muchos lugares que existen en la costa, sin entidad ni personalidad, llenos de gente, poco limpios e incómodos, lugares que se convierten en estándares de una globalización que los empobrece pasando a ser un lugar más, sin interés. Me consta que, en la comunidad isleteña, hay personas con iniciativa que luchan porque las tradiciones se mantengan y se conserve su identidad, que es lo que la hace única, y también lo hacen las autoridades competentes. Pero como ya he dicho las sinergias no son fáciles. Lo que sí es cierto es que levantarse por las mañanas, desayunar frente al mar, ver llegar los barcos de pesca, agolparse los niños a preguntar por esos peces todavía vivos y hablar con los pescadores, conocer a sus gentes, disfrutar y participar de sus costumbres y tradiciones, de su artesanía, y su gastronomía…, de su luz dorada y de un cielo nocturno en el que no caben más estrellas, tiene un valor incalculable y si todo eso no se valora y se conserva, no es posible un desarrollo deseable y sostenible. Pero para ello hay que proteger el ecosistema general y mantener un equilibrio adecuado. En ese ecosistema no solo están los elementos naturales como las playas, la vegetación autóctona, la posidonia o la fauna, están también sus modos de vida, todo su sistema pesquero y agroalimentario en el territorio. Por eso es muy importante apoyar y proteger la pesca y sus profesionales, apoyar la producción ecológica y sostenible de productos como hortalizas y la ganadería de la zona, y apoyar y mejorar a todo el sector de la restauración y la hostelería, los canales cortos de comercialización y la cualificación de todas las trabajadoras y trabajadores de este sistema. En una apuesta clara por generar valor añadido en base a la salud y la calidad y sobre todo aplicando el concepto de cuidados, ese saber y ese concepto que las mujeres de La Isleta han desarrollado y del que tanto podemos aprender.

¿Qué proyectos tienes, o tenéis en equipo, para realizar en La Isleta?
En La Isleta hay un equipo de gente, conocedora de su historia e interesada en la conservación de sus tradiciones y costumbres con el que colaboro. Pero no es fácil abordar proyectos por las dificultades que entraña llevarlos a cabo a todos los niveles. Ahora mismo hay proyectos muy interesantes pero son ideas que necesitan madurar y deben tener su tiempo de “cocción” como en la cocina, precipitar los tiempos puede arruinar el plato. Y en ese proceso es mejor no anticiparlos, para que puedan llegar a buen puerto, porque también a los proyectos y las ideas hay que cuidarlos y dotarlos de cariño y de calidad.

Entrevista realizada por Juan Manuel Jerez

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