Proteger los nidos, proteger la vida
Cada vez que se habla de campañas para controlar insectos, especialmente los mosquitos, se pasa por alto una evidencia tan sencilla como incómoda: los mejores aliados para mantener a raya estas plagas ya existen en la naturaleza. Aves y murciélagos llevan siglos haciendo ese trabajo de forma silenciosa, eficaz y gratuita. Sin embargo, mientras se anuncian soluciones químicas o costosas, seguimos tolerando la destrucción de sus nidos y refugios, como si eliminar a nuestros mejores controladores biológicos no tuviera consecuencias.
Conviene decirlo con claridad: apostar por aves insectívoras y murciélagos como parte del equilibrio natural no solo es sensato, sino también una decisión ambientalmente responsable. Su labor reduce la necesidad de insecticidas, evita la dispersión de sustancias tóxicas y favorece una convivencia más saludable con el entorno. Frente a la lógica de combatirlo todo con productos químicos, proteger la biodiversidad debería ser una prioridad incuestionable. No se trata de una idea teórica. En numerosos lugares ya se está demostrando que mejorar las condiciones de nidificación es una de las formas más eficaces de controlar plagas de insectos y, al mismo tiempo, conservar la avifauna. Hacer cumplir la legislación vigente, evitar que las obras destruyan enclaves de cría, instalar refugios artificiales o incorporar soluciones constructivas que permitan anidar a estas especies son medidas razonables, útiles y plenamente compatibles con la vida en los núcleos urbanos. Las soluciones basadas en la naturaleza no son una moda: son una respuesta inteligente.
Foto: Avión común (Delichon urbicum) © Pepe Rivera
Los aviones y las golondrinas comunes construyen sus nidos en paredes de edificios, porches, patios, terrazas y alféizares. Para algunas personas, su presencia se reduce injustamente a una cuestión de “estética” o “limpieza”. Ese es el problema: se mira la molestia inmediata y se ignora el beneficio colectivo. Destruir esos nidos por comodidad o por prejuicio estético supone despreciar a unas especies cuya dieta se basa en insectos y cuya presencia mejora de forma directa la calidad ambiental de nuestro entorno. Lo mismo ocurre con los murciélagos, víctimas frecuentes de una mala fama tan injusta como ignorante.
Los aviones se alimentan de moscas y mosquitos, mientras que las golondrinas también consumen hormigas voladoras, avispas, chinches y pequeños escarabajos. Las aves actúan de día, mientras que los murciélagos se encargan de la misma tarea por las noches.
En el caso de los vencejos, otros grandes insectívoros, la destrucción de los nidos viene dada principalmente por las remodelaciones de los edificios, pues estas aves anidan en colonias en los huecos de las paredes o en las tejas de los edificios antiguos. Actualmente, la construcción de nuevos edificios de paredes completamente lisas, o la rehabilitación de antiguos edificios en los que se tapan y cierran huecos, supone un grave problema.
Cada primavera se destruyen cientos de nidos, muchas veces cuando ya hay huevos o pollos en su interior. Se invoca la “limpieza” como excusa, porque los excrementos manchan, pero la solución nunca debería ser destruir el nido. Bastaría con barrer con más frecuencia o colocar un elemento sencillo que los recoja, como un papel, un cartón o una pequeña bandeja. Cuando existe una alternativa fácil y compatible, arrasar un nido no es una necesidad: es una elección.
Foto: Papamoscas gris (Muscicapa striata) © Pepe Rivera
Foto: Golondrina común (Hirundo rustica) © Pepe Rivera
Los nidos de murciélagos, golondrinas, aviones comunes y vencejos están protegidos tanto cuando están habitados como cuando están vacíos. La destrucción de nidos de especies protegidas supone un delito según el artículo 334 de la Ley Orgánica 10/1995, de 23 de noviembre, del Código Penal, que puede llegar a tener una pena de prisión de seis meses a dos años.
Si queremos seguir viendo a estas especies sobrevolando nuestros cielos, debemos asumir una responsabilidad colectiva. No solo están en juego unos beneficios ecosistémicos evidentes, sino también una forma de convivencia con la naturaleza que estamos dejando deteriorarse por pura desidia. Además de útiles, aves y murciélagos convierten la primavera y el verano en un espectáculo vivo que no deberíamos dar por hecho.
Foto: Nido de golondrina común (Hirundo rustica) © María Victoria Jerez
Foto: Golondrina dáurica (Cecropis daurica) © Pepe Rivera
Pero no solo los murciélagos y las aves insectívoras son grandes consumidores de insectos. Pajarillos que vemos habitualmente también lo son. Están, por un lado, las insectívoras que, sin ser de ninguna de las especies vistas anteriormente, consumen insectos, como el pequeño papamoscas, los petirrojos o las currucas, y otras que, sin ser específicamente insectívoras, en épocas de cría necesitan consumir insectos para alimentar a sus crías, como los gorriones o los verdecillos.
Estas pequeñas aves, por lo general, hacen sus nidos en los setos o en las ramas exteriores de los árboles, por lo que las podas en época de nidificación los destruyen. Por esta razón, su población está disminuyendo alarmantemente y cada vez se ven menos.
La normativa, como la Ley de Patrimonio Natural y Biodiversidad, protege a las aves silvestres. Perturbar o destruir nidos puede constituir una infracción o delito ambiental, incluso si los trabajos son realizados por el propio ayuntamiento. No estamos ante un simple error de enfoque, sino ante una mezcla de ignorancia, hipocresía institucional y absoluta falta de respeto por el equilibrio ambiental.
Foto: Nido de vencejo pálido (Apus palidus) © Pepe Rivera
La época recomendada para podar árboles y arbustos es a finales de otoño e invierno, de octubre a febrero. Si por razones de seguridad o urgencia es estrictamente necesario podar en época de cría, se debe realizar una inspección visual minuciosa del árbol o seto para asegurar que no haya nidos activos antes de cortar ninguna rama. Los árboles sanos y bien desarrollados aportan enormes beneficios a las personas y a la biodiversidad, y para ello es necesario que los criterios de poda estén basados en el conocimiento técnico. En condiciones naturales, el arbolado no necesita ser podado y, en caso necesario, las podas se realizan cuando la planta está en parada vegetativa, no cuando el árbol está creciendo, como sucede en primavera. Además, es en este momento cuando acogen multitud de aves nidificantes que utilizan sus troncos o sus ramas para construir sus nidos.
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