Viaje literario por el Parque

Dionisia García (Fuente Álamo, Albacete, 1929), narradora y poeta afincada en Murcia, recibió el Premio de la Crítica, además de otros galardones, y ha publicado desde 1976 más de una decena de libros de poesía, además de prosa, aforismos, ensayo y crítica literaria. Rescatamos este poema dedicado al Parque Natural.

Foto: Acantilados cerca del Faro de Cabo de Gata © Oscar Molina

Voces de la noche

Serenado lo hosco
en manos del farero
que paciente revisa
el orden de las cosas.
Duerme el Cabo desnudo
en su lecho salvaje,
mientras las olas urgen
hacia el acantilado.
Y vigilaba el hombre,
con su mano de luz,
esta tierra tan bronca
que late minerales.
¿Por qué Cabo de Gata?
-se pregunta el vigía-.
Bellas palabras nombran
la alta vecindad
de Filabres y Gádor.
La respuesta se pierde
bajo la honda música,
tan pródiga en la noche.
Los brotes germinados
lloran entre las piedras.
El alba llega presta,
y las puertas del Parque
abren al día nuevo.

Consta de 25 versos, sin rima y medida en heptasílabos, organizados en seis estrofas, en las que una interrogación (“¿Por qué Cabo de Gata?”) distingue un primer grupo de tres estrofas, en cuartetas, y un segundo grupo formado por dos quintillas y un terceto final. Mientras en la primera parte describe la labor del farero, la luz que serena “lo hosco” y destaca la noche del farero y la actividad de la naturaleza, la pregunta busca una respuesta en la segunda parte, que no llega. La belleza de la orografía (sierras de Gata, Gádor y Filabres) no impide que la “honda música”, tan pródiga en la noche, se imponga ante ella. De algún modo apunta a la contaminación acústica durante las noches veraniegas, calurosas y amantes del entretenimiento.

Foto: Foto pág. izq.: Faro de Cabo de Gata © Oscar Molina

Lo importante, sin embargo, se encuentra en la estrofa final del poema: “y las puertas del Parque/ abren al día nuevo”. En efecto, es un mensaje de esperanza, las “Voces de la noche” desaparecen y el “alba” anuncia un día lumínico, que acalla y permite una experiencia de la naturaleza prístina y renovada. Si la noche —bajo presión turística— es música, el amanecer representa la renovación a una nueva luz instalada en el silencio durante el crepúsculo vespertino de levante –del sol en las costas–.

Miguel Galindo
Colaborador del equipo de redacción del Eco del Parque

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