Cartas y opiniones

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El Camino del Charco no puede quedar en el olvido

A finales del pasado mes de abril tuve ocasión de visitar de nuevo Cabo de Gata y regresé con una profunda sensación de tristeza. En el entorno del Camino del Charco, junto a la zona de poniente de la localidad, la imagen que se encuentra el visitante dista mucho de lo que debería esperarse en un espacio de tanto valor natural.
Las obras de los apartamentos continúan avanzando y, salvo que exista una resolución judicial o administrativa que las ampare, resulta difícil entender que se mantenga una actuación tan discutida en un lugar tan sensible. Pero, más allá de esa cuestión, lo que resulta evidente sobre el terreno es el abandono en la que ha quedado una parte del entorno.
El Camino del Charco sigue sin terminar adecuadamente. Faltan vallas de protección en zonas donde las dunas deberían estar preservadas, hay tramos invadidos por la arena que dificultan incluso el paso de los peatones y no se aprecian señales claras de la restauración ambiental que en su momento se anunció. El resultado es un paisaje deteriorado, empobrecido y muy alejado del cuidado que merece este enclave.

Foto: Panel informativo en Rambla Morales © Pepe Rivera

Foto: Barrera rota en Rambla Morales © Pepe Rivera

No hablamos solo de una molestia para quienes pasean por la zona. Hablamos de un daño ambiental que afecta a la vegetación, a la fauna y a la propia identidad de un espacio que debería ser protegido con especial atención. Las dunas, una vez degradadas, no se recuperan de un día para otro. Y cada retraso en su protección agrava un deterioro que después será mucho más difícil de reparar.
Quienes conocemos y queremos Cabo de Gata no podemos acostumbrarnos a ver cómo se deterioran sus caminos, sus playas y sus espacios naturales. Tampoco podemos aceptar que la falta de mantenimiento, de vigilancia o de respuesta institucional acabe convirtiéndose en una forma silenciosa de abandono.
Por eso, desde estas líneas, quiero pedir a las Administraciones competentes que actúen con urgencia. Es necesario completar la protección del Camino del Charco, reponer los elementos que faltan, ordenar el tránsito por la zona y acometer cuanto antes las labores de restauración ambiental comprometidas.
Cabo de Gata no necesita grandes discursos, sino cuidados concretos. Protegerlo significa estar pendientes de estos lugares, incluso cuando el daño no ocupa titulares. Porque lo que hoy parece un simple camino deteriorado puede ser mañana una pérdida irreversible para todos.

Alfredo Rivas

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