El patrimonio minero del Parque
Los Alumbres de Rodalquilar (años 1509-1592)

A lo largo de todo el Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar, existe un importante Patrimonio Minero que se ha ido generando a lo largo de los siglos como consecuencia de la explotación económica del rico y variado Patrimonio Geológico que también existe en el Parque y que ha sido la base para la declaración de Geoparque Europeo de Cabo de Gata-Níjar en el año 2006. Los elementos patrimoniales mineros más antiguos, documentados fehacientemente a día de hoy en el Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar, están relacionados con los alumbres de Rodalquilar del siglo XVI, aunque siempre hay que mantener la reserva de la hipotética existencia de elementos patrimoniales de algún tipo de minería romana, aún sin documentar tan fehacientemente como para poder hablar de ellos con rigor científico y técnico.

FIGURA 01. Aspecto de la sustancia mineral conocida como “Alumbre” © http://lahistoriademira.blogspot.com/2016/08/el-alumbre.html

¿Qué es el alumbre?

El alumbre es una sustancia mineral compuesta básicamente por determinados tipos de sulfato de aluminio, que muy raramente se presenta como tal en la Naturaleza, de manera que su obtención para usos comerciales se realizaba artificialmente en las fábricas de alumbre, como la que existió en Rodalquilar durante el siglo XVI. Rocas volcánicas del tipo de algunas de las presentes en Rodalquilar solían ser la materia prima para su fabricación. En la actualidad el alumbre es poco utilizado comercialmente y poco conocido por el público en general. Su principal interés económico en el siglo XVI proviene de su uso imprescindible en la industria textil de aquellos tiempos, ya que entonces no existían los colorantes artificiales como hoy en día y muchos colorantes naturales de aquel entonces formaban una combinación inestable con los tejidos que era incapaz de mantenerse adherida a ellos para darles color, de manera que era necesario la utilización de alguna sustancia para hacer de elemento fijador de los colores en las telas. Esta función la desempeñaban los mordientes, cuyo principal representante era el alumbre.

La operación para evitar estos problemas en el tintado de los tejidos se realizaba de la siguiente forma: los citados tejidos se sumergían en una disolución de alumbre y agua, impregnándose el alumbre en los poros del género que quería teñirse y preparándose así para recibir el tinte, que de esta manera se fijaba de una forma más brillante y permanente, debido al efecto mordiente que ejercía el alumbre. Además del alumbre, existían otras sustancias que podían ejercer la función de mordiente en el proceso textil, pero el más eficaz, y por tanto el más utilizado, era el alumbre. También se utilizaba el alumbre en otras actividades, como eran en el curtido de cueros y pieles, en la fabricación de vidrio y pergaminos, en la elaboración de libros y códices, en la fabricación de velas, en la elaboración de desodorante, en elaboración de productos de farmacia, en la fabricación de pinturas, etc.

FIGURA 02. “Tollo” o mina de alumbre de Rodalquilar. En este caso es una labor minera a cielo abierto y con forma de cráter. En otras ocasiones tienen forma de trinchera © Francisco Hernández

FIGURA 03. “Tollo” interpretado con sus distintas áreas de trabajo y con los nombres que recibían los mineros que trabajaban en cada una de ellas. © Francisco Hernández

La historia económica del alumbre (siglos XV y XVI)

Hasta el siglo XV, una buena parte de las minas y fábricas de alumbres que suministraban a Europa estaban localizadas en la actual Turquía, pero la caída de Constantinopla a mediados del siglo XV y el temor a que los turcos cortarán el suministro de alumbre, hizo que se iniciara la búsqueda de nuevas minas de alumbre dentro de los límites geográficos de la propia Europa. Hay que recordar la rivalidad religiosa, política, económica y militar que por aquellos siglos existía entre los países europeos y los turcos, uno de cuyos puntos álgidos fue la batalla de Lepanto en 1571.

Durante los siglos XV y XVI, los motores económicos de la emergente Europa no eran la industria del automóvil ni la aeronáutica ni la energética ni la inmobiliaria ni tan siquiera la turística. Por aquel entonces eran otros los motores que sustentaban la expansión económica y demográfica que vivía aquella Europa que salía de la oscura Edad Media, siendo uno de los más destacados motores el de la industria textil.

FIGURA 04. Castillo de los Alumbres de Rodalquilar, levantado por Francisco de Vargas en el año 1509. Situada inmediatamente junto a esta muralla Oeste de este lateral del castillo, es en donde se emplazaba la fábrica de alumbres de Rodalquilar a lo largo de todo el siglo XVI © Francisco Hernández

Es en este marco, en el cual debemos de intentar comprender la importancia de la industria del alumbre por aquellos años, reflejada no solo en los importantes volúmenes de dinero que generaba, sino también en la importancia de los personajes que controlaban aquel comercio, de una manera o de otra: la Corona de España, el Papa de Roma, la familia Medici y un largo etcétera de grandes nobles y destacados comerciantes genoveses de la época.

Al igual que, a comienzos de la década de 1970, los países árabes utilizaron la industria del petróleo como un arma estratégica para obtener sus fines políticos (embargo de petróleo a los países occidentales en el año 1973), Felipe II utilizó los alumbres como un arma estratégica en sus interminables guerras contra los sublevados Países Bajos, sometiéndolos a un largo embargo de alumbre para intentar hacer quebrar su industria textil (uno de sus pilares económicos). La Corona de España pudo utilizar el alumbre como una poderosa arma en aquel momento, ya que dos de los tres principales centros de fabricación de alumbres en Europa se encontraban en el sudeste de Península Ibérica. Mazarrón y Rodalquilar. El tercero eran las minas y fábrica de alumbres de Tolfa en las cercanías de Roma. Estos tres centros, mantenían en la práctica un oligopolio sobre la fabricación del alumbre en Europa.

FIGURA 05 – Llanura situada entre el castillo de los Alumbres de Rodalquilar y la actual barriada de La Ermita (casas del centro de la imagen). Es en esta llanura en donde se levantaba el antiguo pueblo de Rodalquilar, nacido y crecido en el siglo XVI al calor de la actividad de las minas y fábrica de alumbre. Actualmente el pueblo de Rodalquilar se encuentra emplazado a un par de kilómetros al Oeste de este lugar, nacido y crecido en el siglo XX al calor de la actividad de las minas de oro. © Francisco Hernández

Las minas de alumbre de Rodalquilar

Mientras que las minas de alumbre de Tolfa (controladas por el Papa) y las de Mazarrón (controladas por el Marqués de Vélez y el Marqués de Villena) fueron descubiertas en la década de 1460, las de Rodalquilar (controladas por el Tesorero del Reino de Castilla y su familia) fueron descubiertas y puestas en actividad en el año 1509.

Las minas de alumbre de Rodalquilar se encuentran localizadas en dos zonas diferentes. La primera, en las inmediaciones del Playazo de Rodalquilar y la segunda, a los pies de la ladera Este del cerro del Cinto. En total entre estas dos zonas, existen alrededor de una treintena de minas, unas con más desarrollo y otras con mucho menos desarrollo. Las minas se llaman “tollos” y son labores a cielo abierto, unas veces con forma de trinchera y otras veces con forma de cráter.

Un tollo se puede dividir en tres zonas. La primera es la zona de arranque de mineral, en la cual trabajaban los mineros llamados “almádenas”, encargados de esta labor utilizando para ello unas almádenas (barrenas de gran tamaño) y mazos. La segunda zona es en donde se trituraba el mineral arrancado para reducir su tamaño hasta el adecuado para su posterior tratamiento en la cercana fábrica de alumbres, siendo los mineros llamados “porrilleros” los encargados de esta labor, utilizando para ello unos porrillos (martillos). La tercera zona era en donde se separaba la mena (roca con valor que se enviaba a la fábrica de alumbres) de la ganga (roca sin valor y que posteriormente se tiraba al vaciadero de residuos), siendo los mineros llamados “escogedores” los encargados de estas labores de separación.

Los mineros “almadenos” trabajaban en el frente de arranque de la mina, mientras que los mineros “porrilleros” y los “escogedores” trabajaban en la zona denominada como “era”.

FIGURA 06 – Zona Sur del Playazo de Rodalquilar, localmente conocida como los “Caletones”, situada al pie del cerro Romero. © Francisco Hernández

FIGURA 07 – Zona Sur del Playazo de Rodalquilar, interpretada con la posible localización de los que fueron los dos puertos de los Alumbres de Rodalquilar. © Francisco Hernández

La fábrica de alumbres de Rodalquilar

La fábrica de alumbres de Rodalquilar estaba localizada en una zona inmediatamente vecina a la muralla Oeste del castillo de los Alumbres, apenas a un kilómetro del Playazo de Rodalquilar.

En la llanura existente entre el castillo y la actual barriada de la Ermita, es en donde se emplazaba el antiguo pueblo de Rodalquilar, hoy desaparecido y casi que olvidado.

El proceso que se desarrollaba en la fábrica de alumbres de Rodalquilar, descrito grosso modo y tratando de ser más didáctico que técnicamente ortodoxo, comenzaba con la calcinación de las rocas llegadas desde los cercanos tollos, para luego ir pasando secuencialmente a lo largo de una serie de noques (pequeñas balsas con agua) en donde una parte del material se iba lixiviando (disolviendo) y el líquido resultante se iba enriqueciendo en sustancias minerales. Posteriormente se dejaba que la lejía obtenida (líquido rico en sustancias minerales) se fuese evaporando en otros noques (al igual que se hace en las salinas), finalizando esa evaporación con una cocción con fuego en una de las dos grandes calderas que existían en la fábrica de alumbres de Rodalquilar.

FIGURA 08 – Posible localización del puerto menor de los Alumbres de Rodalquilar. Este embarcadero fue reutilizado en el siglo XX para embarque de adoquines extraídos en la cercana cantera del cerro Romero. © Francisco Hernández

FIGURA 09 – Posible localización del puerto mayor de los Alumbres de Rodalquilar. © Francisco Hernández

El puerto de los alumbres de Rodalquilar

El producto final, ya desecado, se almacenaba en cántaras para su embarque en el cercano puerto del Playazo de Rodalquilar y para su transporte y comercialización en diferentes lugares de Europa, hacia donde era enviado en barco directamente desde Rodalquilar, según consta en documentación de la época. Uno de los puertos que recibía el alumbre de Rodalquilar era, por ejemplo, el de Amberes.

Es muy probable que este puerto de los alumbres de Rodalquilar estuviese situado a los pies del cerro Romero, tal como se intuye al ver los entrantes en la roca que se podrían calificar como artificiales y propicios para el atraque de pequeños navíos. Incluso existen noráis tallados en la roca para amarre de barcos. Los puertos, en principio, pudieron ser dos, uno de mayor tamaño que el otro.

FIGURA 10 – Imagen satélite con la interpretación de la localización de los diferentes tollos, la fábrica de Alumbres, el castillo de los Alumbres y los puertos de los Alumbres de Rodalquilar. Imagen modificada por F. Hernández a partir de Google Earth

El fin de los alumbres de Rodalquilar

Durante la segunda parte del siglo XV y la primera del siglo XVI, las minas de alumbre españolas e italianas mantuvieron un oligopolio en el mercado europeo y obtuvieron cuantiosos beneficios económicos. Esta época de bonanza fue debida a factores estratégicos del entorno general (economía, sociedad, política, tecnología) y también del entorno específico de la minería de alumbres.

Pero en la segunda parte del siglo XVI las cosas cambian. En relación con el entorno general se podría decir que, gradualmente en la citada segunda parte del siglo XVI, debido a los conflictos políticos europeos y a los aumentos en la presión fiscal española, los costes del negocio del alumbre van paulatinamente elevándose y consecuentemente también lo hace el precio del alumbre fabricado en España (Mazarrón y Rodalquilar), dejando de ser competitivo en el mercado. El alumbre, ya elaborado, comienza a acumularse en los almacenes de las fábricas, dado que no se encuentran compradores.

FIGURA 11 – Imagen satélite de la zona Sur del Playazo de Rodalquilar, localmente conocida como los “Caletones”, situada al pie del cerro Romero. © Google Earth

FIGURA 12 – Imagen satélite con la interpretación de la posible localización de los puertos de los Alumbres de Rodalquilar. Imagen modificada por F. Hernández a partir de Google Earth

Por si no fuese poco con todos estos problemas políticos y económicos, también surgieron problemas en el entorno propiamente minero, ya que, a finales del XVI e inicios del XVII, aparecen en el mercado otros alumbres procedentes de diferentes partes del Mediterráneo e incluso de la Europa atlántica.

Como resumen se puede decir que, a lo largo de la segunda mitad del siglo XVI, los alumbres españoles (incluidos los de Rodalquilar) vieron cómo poco a poco se modificaba su entorno económico, político y minero, de manera que fueron perdiendo una a una todas sus ventajas competitivas, siendo inevitable el hecho de que, al finalizar el siglo XVI, hubieran cerrado prácticamente todas las minas y fábricas de alumbre españolas.

Los alumbres de Rodalquilar comenzaron su actividad en el año 1509 y la cesan definitivamente en el año 1590, aunque entre 1590 y 1592 transcurren dos años de actividad comercial en los que se trató de vender los alumbres que aún quedaban almacenados.

FIGURA 13 – Noray del posible puerto menor de los Alumbres de Rodalquilar. Un noray es una amarra que se da en tierra para asegurar la embarcación. © Francisco Hernández

Referencias bibliográficas

Hernández Ortiz, F. (2009). Los alumbres de Rodalquilar. Las otras minas. Instituto de Estudios Almerienses. Excelentísima Diputación Provincial de Almería, Almería, 172 pp.

Hernández Ortiz, F. (2010). Factores en el auge y declive del alumbre español durante los siglos XV Y XVI. Revista De Re Metallica. Sociedad Española Defensa del Patrimonio Geológico y Minero (SEDPGYM), Madrid, nº 15, segunda época, pp. 35-42

Francisco Hernández

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