Los molinos de viento en el Cabo de Gata

“Recortado contra el cielo, en un ribazo, se divisa un molino de velas, como los que giran en el campo de Cartagena entre la Unión y Los Alcázares. Antiguamente había muchos en la región pero, en la actualidad, casi todos se baten en ruina. El de Fernán Pérez rueda aún, con un crujido sordo y, desde lejos, parece una flor de pétalos inmensos y abarquillados”

Juan Goytisolo, Campos de Níjar. 1959

Así describía Juan Goytisolo en 1959 al molino de Fernán Pérez (Níjar) en funcionamiento, camino de Las Negras, hace ahora 60 años y no se equivocaba respecto al molino almeriense de tipología cartagenero, englobado a su vez en los molinos del tipo mediterráneo.

El viento, definido como el aire en movimiento, ha proporcionado una fuente de energía renovable, limpia y sostenible para el trabajo mecánico mediante los antiguos molinos de viento, así como más recientemente para la generación de electricidad con los modernos aerogeneradores y también para el ocio en náutica. El uso de la energía del viento para la navegación ha sido fundamental desde las primeras civilizaciones hasta no hace mucho tiempo y ha extendido el alcance del transporte a gran escala con la navegación a vela a través de los océanos. Además, el conocimiento y control de los vientos constituyen hoy un factor decisivo para una correcta navegación tanto marítima como aérea.

El molino de viento es un invento europeo, que surge aproximadamente en los siglos XII a XIII en Europa, con dos tipos claramente diferenciados. Por un lado, los molinos de madera y de aspas del norte y centro de Europa (Países Bajos, Inglaterra y norte de Francia) y por otro, los molinos de cultura mediterránea situados en su orilla norte (Grecia, Italia, Malta, sur de Francia, España y Portugal).

Foto: Molino envelado del Pozo de los Frailes (Níjar) en 2009 tras su restauración © Antonio Gil

El molino mediterráneo se define por ser un molino de torre cilíndrica o casi, estar construido con pared de piedra y cal y tener el techo giratorio, lo que le permite con su arboladura o rotor orientarse al viento dominante de una forma rápida y ágil. Entre los molinos mediterráneos, los historiadores de la tecnología eólica diferencian tres subgrupos de acuerdo a la forma de las aspas o de las velas y al sistema de rotación y captación del viento.

Los primeros, definidos como del tipo A, atravesados por cuatro pares de palos, que sostienen ocho velas triangulares o latinas, se encuentran en Grecia, Portugal y España. En España el epicentro está en el Campo de Cartagena (Murcia), además de Alcudia (Baleares) y zonas de Almería, Cádiz y Huelva (Andalucía). Los otros dos tipos, el B con eje que sostiene cuatro aspas, con velas rectangulares cortas, se encuentran en las islas Canarias y en zonas meridionales de Francia. Los molinos del tipo C, con cuatro y a veces con seis aspas, velas rectangulares y estrechas, se localizan en las islas Baleares, en La Mancha, en Malta y en Sicilia (Italia).

Foto: Algarrobo inclinado por el viento de Levante en Rodalquilar (Níjar) © Jorge Cortina

Foto: Rosa de los vientos en la costa de Almería, con los nombres de los ocho vientos principales.

El molino de viento localizado en la costa de Almería fue introducido hacia 1753, cuando ya figura el primero de ellos documentado en el Catastro de Ensenada en la villa de Vera, pago del Toyo, cuyo propietario era Francisco de Bictoria “vecino de la ciudad de Cartagena y hacendado de esta de Vera”. En 1779 hay datos del cabildo de Vera ordenando la demolición de otro molino que se había construido en las inmediaciones del anterior, por hallarse abandonado. Hacia 1777 existía también otro molino de viento en Roquetas de Mar, en la calle del molino. También aparece cartografiado otro molino de viento en el plano de Coello de 1855 de la ciudad de Almería. Otros dos molinos de viento están documentados en ese año y al Oeste de la ciudad en el Llano de los Molinos, también otro en La Cañada, así como algunos en los campos de Níjar y hasta en Vélez Blanco.

Foto: Detalle del interior de la planta baja del molino de Fernán Pérez (Níjar) © Jorge Cortina

Foto: Entrada al molino de viento de Fernán Pérez (Níjar) © Jorge Cortina

A la altura de 2019, están documentados en la provincia de Almería restos de 52 molinos de viento, de los cuales 38 se hallan en el triángulo sur-sureste de los municipios de Carboneras-Níjar-Almería, es decir en buena parte de lo que hoy es el Parque natural del Cabo de Gata-Níjar; y los otros 14 en municipios aislados de la zona norte-noreste (Vera, Cantoria, Cuevas, Pulpí y Vélez Blanco).

También destacan en las costas de Almería las denominadas “molinas” o norias de viento, definidas como molinos de viento de arcaduces o de sacar agua, que incluyen el pozo con cangilones dentro de la torre del molino, utilizándose para bombear el agua de los pozos, almacenarla en pequeñas balsas y regar por gravedad en pequeños huertos. En la actualidad quedan restos de 18 torres de estas “molinas” o molinos de sacar agua en Níjar, Almería, Roquetas, Tabernas e incluso hay referencias a que se localizaron también algunas en María y Vera.

Los molineros son auténticos “marineros en tierra”, al menos en los molinos de viento localizados en las zonas costeras o próximas al litoral, como es el caso de los molinos de viento localizados en las costas almerienses y del Campo de Cartagena. De modo que el buen conocimiento de los vientos era esencial para el dominio y para la vida de los molineros, los auténticos ingenieros y mecánicos de los molinos.

De ahí que los molineros dominasen las denominaciones, direcciones y frecuencia de los vientos para poner los molinos en funcionamiento de forma eficiente y sacar el máximo rendimiento a la molienda de cereales o al bombeo de agua. La rosa de los vientos es todavía hoy un símbolo en forma circular, parecida a una rosa abierta, de ahí su nombre, que tiene marcados los vientos en ocho o doce rumbos principales en que se divide la circunferencia del horizonte, utilizándose habitualmente en navegación y en meteorología y también en la moderna industria eólica.

En la costa de Almería, abundante en energía eólica y solar, los cuatro vientos principales se denominan Norte o Terral (N), Sur o Solano (S), Levante (E) y Poniente (O). Los cuatro vientos intermedios son la Tramontana (NE), Jaloque (SE), Granaíno (NO) y Lebeche (SO). Los que registran más velocidad y frecuencia son los vientos de Levante y de Poniente. De ahí el refrán popular de que Almería tiene dos mares, “la mare que parió al Levante” y “la mare que parió al Poniente”.

Foto: Molino de viento harinero de Fernán Pérez (Níjar) © Jorge Cortina.

Veamos al respecto la excelente descripción de Pascual Madoz en su Diccionario Geográfico hacia 1845 sobre los vientos dominantes de Levante y Poniente en la bahía y litoral de Almería: “Los vientos que reinan son: el SO y el O en el otoño e invierno, aunque en esta última estación suelen soplar también los del N. Los primeros son fuertes en la costa y van disminuyendo, a medida que se internan. En la primavera y estío, además de los SO y O, reinan los NE y E, a veces con violencia y siempre extraordinariamente secos. Los grandes temporales en la costa casi siempre son del tercer cuadrante. Los vientos ordinarios empiezan a sentirse a las 9 ó 10 de la mañana y aumentan de fuerza hasta las 3 ó 4 de la tarde, quedando generalmente en calma de noche”.

Foto: Molino de viento del Collado de los Genoveses (San José, Níjar) © Jorge Cortina

Foto: Molino harinero Zabala en Perín (Cartagena), Documentado desde 1730 © Carlos Romero

El esplendor y auge de los molinos de viento en la costa de Almería se concentró a lo largo del siglo XIX, debido al incremento demográfico y al aumento de las roturaciones de secano, como los de otras partes de España y también del resto de Europa, y se fue apagando con la aparición y extensión del uso de los combustibles fósiles y de la electricidad, desde la segunda mitad del siglo XIX, y apenas llegaron de forma significativa hasta los años treinta del siglo pasado. En el caso de los molinos del Cabo de Gata algunos ejemplares estuvieron funcionando hasta esa década, siendo el último en dejar de funcionar en 1970 el molino de Carlos en Las Hortichuelas (Níjar), cerca de Las Negras.

Habrá que esperar a finales de la primera década de este siglo para que las administraciones comiencen a rehabilitar algunos molinos de viento, cinco en concreto en el Parque Natural del Cabo de Gata. Cuatro de ellos en Níjar: Molinos harineros de Fernán Pérez, Pozo de Los Frailes, Las Negras, Collado de Los Genoveses y uno en Carboneras, que tiene al lado un pequeño museo con encanto: “El arte de moler”. Desafortunadamente ninguno de ellos se pone hoy en funcionamiento y deberíamos poner en valor el patrimonio industrial y tecnológico de los molinos de viento en el Cabo de Gata.

Jorge Cortina

 

 

El libro colectivo Dominando el viento. Evolución de la tecnología eólica en España de Jorge Cortina, editado por Anemos Global se va a presentar los siguientes días:
• Viernes 5 de julio a las 20.30 h. en el centro Carmen de Burgos de Rodalquilar. En colaboración con el Ayuntamiento de Níjar.
• Viernes 12 de julio a las 20.30 h. en el molino de viento de Fernán Pérez (Níjar)

Web: www.dominandoelviento.com

Foto: Portada del libro