Gente del Parque

Juan Antonio Miralles

Juan Antonio Miralles Ortega, es actualmente el Presidente de la Fundación CEPAIM y el Director de ALMERÍA ACOGE.
Almeriense y cofundador de Almería Acoge. Experto en formación de animación multicultural por el Centro Bruxellois D’Actión Intercultural y Educador social.

Juan Antonio, cuéntanos cómo pusisteis en marcha CEPAIM
Hace ya 31 ó 32 años, a finales de 1988, un grupo de gente se reúne y recibe la visita de una cooperante que había estado en África y vuelve a Sevilla por motivos de salud. Esta mujer, Reyes García de Castro, ya fallecida, acababa de crear una asociación que se llamaba Sevilla Acoge, fruto de la toma de conciencia de que la misma realidad que había en África la encontraba en Sevilla. Toma contacto con gente de El Ejido, un pequeño grupo de personas, nada especializado, y a partir de ahí se inicia un viaje, con mucho desconocimiento por nuestra parte, y un descubrimiento de la inmigración, que aumentó rápidamente en Almería de la mano del crecimiento de la agricultura intensiva, y de la necesidad de mano de obra. Así es como nace Almería Acoge.

Ese germen fue desarrollándose con el tiempo…
En ese descubrimiento de que os hablo, hacíamos lo que podíamos, con muy buena voluntad, pero sin ningún apoyo, a pesar de que en 1990, cuando yo ya vivía en Roquetas, había 16 asociaciones de inmigrantes africanos. Yo empecé de voluntario dando clases de español, había muchos argelinos y marroquíes, ya no hay casi argelinos allí. Hasta el año 91 estamos hablando de reuniones sin ninguna organización formal ni financiación. En esa fecha tiene lugar una operación de regularización de inmigrantes, y así tuvimos una primera ayuda financiera durante tres meses vinculada a esta operación, que sirvió para proporcionar una documentación, un permiso que al menos informaba de su existencia legal, a aproximadamente 8.000 personas.
Nuestro trabajo se iniciaba con un espacio que llamamos de Primera Acogida, que consiste en un punto de información y asesoramiento, que intentaba salir al paso de las necesidades de las personas que se acercaban, escucharlas. Mucha gente precisamente buscaba un espacio donde poder hablar o incluso donde pudieran llorar…. Y así nos dimos cuenta de la necesidad que teníamos de formarnos para atender las necesidades específicas y avanzar.

¿Cómo fuisteis creciendo como organización?
En primer lugar buscamos intercambiar experiencias con otras asociaciones similares. Reyes García de Castro, la fundadora de Sevilla Acoge que os comentaba, fue fundamental para facilitarnos redes de conexión. Un hito definitivo fue entrar en contacto con una asociación de emigrantes españoles en Bruselas, fundada por un exiliado del País Vasco, Javier Leúnda, CBAI (Centre Bruxellois d’Action Interculturelle), que existe todavía, y (además de desarrollar multitud de proyectos) se había convertido en un centro de formación. Nos enseñaron muchísimo, porque Javier, un antropólogo que se había especializado en migraciones, tenía muchos contactos y realizaban muchos encuentros internacionales, así fuimos desarrollándonos como grupo y encontrando muchos compañeros de camino, y entre todos los grupos que se interrelacionaban se creó el Consorcio de Entidades para la Acción Integral con Migrantes, cuyas siglas son CEPAIM. Estuvimos un periodo con este Consorcio, con actividades sobre todo dedicadas a generar espacios de encuentro y de formación, y empezaron a surgir iniciativas que todavía siguen, como la Federación Andalucía Acoge y la Red Acoge a nivel nacional. A los diez o doce años de funcionar así nos dimos cuenta de que la figura que recogía mucho mejor el carácter de esa entidad que había ido creciendo era una fundación. Hay que decir que no contábamos con muchos apoyos, porque en este país, por falta de conocimiento de lo que pueden aportar las organizaciones sociales a la participación ciudadana, a la vida colectiva y a la sociedad en general, no se han destinado suficientes recursos, y los que quedábamos después de todo este tiempo, nos constituimos en fundación integrando a Almería Acoge y el resto de organizaciones que formábamos el Consorcio como patronos jurídicos, y buscando otros patronos personales en ámbitos que pudieran aportar a la fundación, del mundo de la universidad, de la política…

Foto: Juan Antonio Miralles © Almería Acoge

Y hemos seguido manteniendo lo que nos ha movido desde el principio, que es identificar las necesidades de las personas, y ayudarlas. Habíamos ya trabajado con el problema de la acogida de las personas, más adelante empezó en España el problema del asilo, pero nosotros siempre nos marcamos como objetivo escuchar a las personas y darles una solución en el contexto general, por eso unas veces trabajamos con inmigrantes solamente y otras veces con población general. Esto nos lleva a trabajar con los servicios normalizados y las instituciones, para que nos trasladen también sus problemas, a los que ellos no pueden dar respuesta. Un ejemplo de esto es el trabajo con los niños, son las escuelas y los profesores los que se dirigen a nosotros para que intervengamos con los dispositivos que podamos desplegar y les ayudamos en la formación. En Almería se experimentó con diversas fórmulas de apoyo a la integración en el sistema educativo antes que Cataluña pusiera en marcha las Aulas Temporales de Adaptación Lingüística. La figura del mediador intercultural para todos los procesos de asesoramiento en la integración la hemos iniciado nosotros, todo esto lo habíamos aprendido en el CBAI.

¿Cuántos Centros de Acogida tenéis en Níjar?
Gestionamos el Albergue Municipal de Los Grillos, con un número de plazas variable, porque depende de la financiación, que es pública, el mínimo es 12, nosotros aportamos el personal y el mantenimiento de los alojados. Al lado se han construido tres módulos prefabricados, con financiación pública y privada, la Fundación Esperanza Pertusa, relacionada con un fabricante de calzado de Valencia, a través de un convenio entre la Fundación CEPAIM y el Ayuntamiento, que a su vez ha obtenido los recursos de la Dirección de Políticas Migratorias de la Junta de Andalucía. Hay otro centro en Balsaseca, que tuvo su antecedente en un cortijo antiguo recuperado por una asociación de San Isidro, La Gran Familia, del que se ocupaba una religiosa que al encontrarse sin apoyos, se lo cedió a Almería Acoge. Este centro tiene 16 plazas, y tiene una función de tránsito, para gente que hay en la zona y que puede tener una autonomía en un plazo determinado. Justo enfrente había una granja de cerdos, que era una fuente de financiación de la misma asociación de La Gran Familia, y lo reconvertimos en dos aspectos: parcialmente en un alojamiento para jóvenes tutelados, con seis plazas; y en un Centro de Día, que es el espacio de información, asesoramiento y cobertura de servicios básicos. Enfrente de este centro hicimos una cocina, un salón grande y un economato. La función de este economato no es la venta, sino la de intercambiar los productos que las personas necesitan con servicios, como talleres de cocina y cursos de cualquier naturaleza, con el fin de que las personas aporten lo que saben hacer, nuestra visión es la de procurar a las personas su dignidad, y que cubran sus necesidades mediante su contribución al colectivo. Enfrente del Centro de Día hay dos casas prefabricadas, que son las primeras que se hicieron como módulos en calidad de bien mueble, ya que están en terreno no urbanizable, hicimos un convenio con el Ayuntamiento, que cedió el terreno, y CEPAIM consiguió financiación ministerial. En estos dos módulos hay 16 plazas más.
Más adelante conseguimos fondos europeos y se compró una casa en San Isidro, y allí hay otras 16 plazas de acogida. Después surgió la posibilidad de alquilar viviendas, bien para acogida humanitaria, bien para solicitantes de asilo, ahora mismo en esta modalidad no sé cuántas hay, nuestra idea ha sido conseguir que los beneficiarios se integren y los vecinos sean ajenos al régimen en el que están estas personas, con el fin de que sean unos vecinos más, y por eso en el mismo sentido trabajamos también con la población general, integrándolos en talleres compartidos.

¿Qué perfil tienen las personas con las que trabajáis?
Es un perfil variado, hay proyectos que definen de entrada el perfil de las personas, por ejemplo los proyectos de Acogida Humanitaria están integrados por personas concretas que el Ministerio nos indica, es decir, que han sido previamente identificados sin ninguna intervención nuestra, en función de las plazas de que disponemos. Estas personas solo pueden estar tres meses acogidos por nosotros. Los de Protección Internacional son solicitantes de asilo, también controlados por el Ministerio, y los plazos de permanencia y su evolución legal están también muy establecidos, aunque la mayoría no consiguen el derecho, pero al menos han estado protegidos ese tiempo. Pero al margen de las plazas de acogida procuramos trabajar con todo el territorio, con todas las personas que configuran la realidad social en la que estamos, inmigrantes y autóctonos.

¿Cuántas personas hay en la zona de Níjar con problemáticas que requieran vuestra atención?
Diría que eso no lo sabe nadie. La realidad de la exclusión y de la vulnerabilidad va cambiando. Se han hecho estudios, por parte de la Universidad, a partir de ratios de producción en los invernaderos y de mano de obra en los centros de manipulado, donde la mayoría son mujeres, para estimar los trabajadores inmigrantes. Pero no hay una valoración precisa.

Foto: Reunión de trabajo © Almería Acoge – CEPAIM

Especie en extinción
Nosotros decimos que la especie que más en peligro está en el Parque es el pescador. No el pescado, pescado va a haber siempre, más o menos; quien va a desaparecer es el pescador. Primero por las restricciones. Hemos tenido un problema de horarios durante casi tres años, porque el Ministerio y la Junta van cada uno por su lado. Según el horario de la Junta de Andalucía, el domingo teníamos que salir a calar la red a las 7 de la mañana y a las 12 del día teníamos que estar en tierra para no incumplir las 16 horas de trabajo. El horario que tiene la reserva marina, que es del Ministerio, para calar el arte en domingo es a partir de la 4 de la tarde, pero para llegar a las aguas exteriores hay que pasar por las interiores y hay que incumplir un horario. En las aguas competencia del Ministerio no puedo calar a las 12 del día porque si pasa el barco de vigilancia me puede sancionar y si salgo a las cuatro de la tarde y pasa la Guardia Civil o la Junta de Andalucía y me ve también me sancionan. Al final se ha conseguido que la Junta y el Ministerio nos permitan salir el domingo a las tres de la tarde y entrar a las 8, pero hemos tenido que estar tres años peleando y sufriendo las denuncias por algo tan sencillo.
Tampoco se han puesto de acuerdo sobre los artes que se pueden utilizar en cada zona. Fíjate qué incongruencia: los artes que ha prohibido el Ministerio son los más selectivos que hay: la nasa y el palangre; en el palangre con la medida del anzuelo se decide qué pescado se captura y con la nasa solo se pesca pulpo. Es curioso que te metes en agua interior y puedes pescar con la nasa porque la Junta lo permite, pero yo llevo mi barco cargado de nasas y hace así un poco el viento y me mete en aguas exteriores y pasa el barco del Ministerio, te ve levando las nasas y ya estás sancionado, porque te ha ronzado el viento.
También hay diferencias entre las especies que se permiten pescar. La Junta no permite pescar pulpos ni calamar. Yo me voy a San José a ocho brazas de agua y no puedo pescar calamar porque estoy en aguas de la Junta; si me voy un poquito más afuera, cuando veo las puntas, eso ya son aguas exteriores y ahí sí puedo pescar calamar.

¿Hay listas de espera para gestionar la escasez de plazas?
No se pueden gestionar listas de espera cuando hay una necesidad desbordante de recursos y una limitación de plazas tan evidente. Nuestra posición no se queda en la mera denuncia frente a las administraciones, sino que colaboramos con ellas y necesitamos su apoyo para conseguir mejoras concretas en la situación de las personas. Y algunas veces es muy duro adjudicar esos recursos tan escasos. El problema de los asentamientos en la zona de Níjar es vergonzoso y lleva demasiados años, es urgente intervenir globalmente y hay problemas muy serios como que el parque de viviendas de alquiler está totalmente monopolizado y no se abre a inmigrantes en igualdad de condiciones conscientemente.

Foto: Reunión informativa © Almería Acoge – CEPAIM

¿Y con los empleadores agricultores no se podrían habilitar espacios para los trabajadores?
Eso se valoró e incluso se recogió en un decreto de la Junta de Andalucía, se hablaba de unidades habitacionales contiguas a los invernaderos, en 2001. Nosotros pensamos que es lo ideal porque si no, se dificulta muchísimo las posibilidades de integración con la población. Nos parece adecuado pensar, por ejemplo en el modelo de cortijadas, que, aunque requerirían de medios de transporte, es una vía explorada ya en estos y otros territorios (por ejemplo, todo el campo de Lorca está sembrado de viviendas), pero hay que invertir para dignificar esas viviendas. Quizás la idea que se tiene es que es una inversión perdida porque es un problema temporal. Pero hay que pensar con otra visión relacionada también con la mentalidad de los propios empleadores, ya que eso repercutiría en la producción y en la mejora de la competitividad de los propietarios, promoviendo un asociacionismo empresarial que facilitaría la capacidad de negociación de los precios en los mercados, porque las unidades de explotación pequeñas no son rentables. En el Campo de Níjar hay que mejorar esta mentalidad asociativa, como en otras zonas de Almería. El agricultor no puede contemplar al inmigrante como un enemigo, es necesario para que su propio negocio avance, en otra escala de producción. El Campo de Níjar está muy fragmentado, y eso es un obstáculo también para la integración de los inmigrantes como una fuerza de trabajo positiva, y, más allá, para su consideración como una parte más de la población, complementaria, que aporta ventajas.

¿Cómo crees que está afectando al Parque Natural esta problemática? Hay asentamientos ya, como el de Las Norias, que están prácticamente adheridos al Parque…?
Claro, los inmigrantes no piensan si es Parque o no para asentarse. El problema es que no se gestionan los problemas que acarrea, por ejemplo los residuos que se generan, es una cuestión sencilla, que se puede resolver, como demostramos hace tiempo, con una actuación que promovimos con el Ayuntamiento. Sí, claro que la existencia de estos asentamientos repercute en el Parque y en la agricultura, pero no se puede impedir fácilmente, los inmigrantes se asientan donde pueden y en las zonas próximas a las áreas de trabajo, estas son las que habría que planificar y concentrar, previendo las necesidades que se van a generar. Cuando hay intereses económicos por medio, los problemas se solucionan, pero en este caso se trata de intereses sociales, y da la sensación, muchas veces, de que esos importan menos.

¿Cuál es el balance que hacéis del Plan Estratégico 2017-2020?
El Plan Estratégico consiste en definir una serie de objetivos con sus prioridades. Ese plan hay que adaptarlo en la medida en que la realidad te obliga a cambiarlo. En este periodo nos hemos encontrado con que los recursos públicos destinados a la integración social se han diezmado y en concreto han desaparecido para los trabajos de dinamización comunitaria, por lo tanto ésta es una cuestión limitativa. Hemos tenido por tanto que diversificar las fuentes de financiación, y esto lleva un tiempo, y necesariamente los objetivos previstos se han visto afectados.

¿Cuántos trabajadores asalariados tiene vuestra organización?
CEPAIM tiene ahora en Níjar unos treinta trabajadores contratados y Almería Acoge seis.

Foto: Asentamiento © Almería Acoge – CEPAIM

¿Y contáis con voluntariado?
El voluntariado en esta zona de Níjar es realmente complicado. Por la dispersión, por diferentes motivos, no hay apenas participación ciudadana, aunque paradójicamente es una zona acogedora, hay un gran déficit de participación ciudadana. Hay voluntarios que van de Almería. En Almería tenemos un total de 108 voluntarios, la mayoría en la capital.

¿Y qué tiene que hacer la gente del Parque que quiera colaborar con vosotros como voluntaria?
El año pasado se acercaron algunas mujeres del Cabo de Gata, que estuvieron dando clases a inmigrantes allí. Tengo que decir que hay una diferencia significativa a favor de las mujeres en lo que respecta al voluntariado. Pueden contactar en nuestras webs, nosotros les informamos de lo que somos, de nuestros objetivos, las áreas de trabajo y las necesidades por cubrir, y procuramos asignarles un trabajo adaptado a su perfil de formación, habilidades y objeto de atención. Las clases de español siempre son una necesidad permanente. Las necesidades son diversas y cambiantes, hoy mismo hemos atendido tres requerimientos de un colegio de San Isidro.

Creo que en la Concejalía de Vivienda tienen previsto un proyecto piloto para habilitar unos contenedores.
Si se acondicionan debidamente, como los que hay en Los Grillos, es una buena iniciativa. Este tipo de soluciones rápidas y ágiles es lo que siempre hemos defendido, pero insisto en que hay que hacerlo bien, con las instalaciones de saneamiento, y en definitiva con dignidad. La fórmula puede ser que el Ayuntamiento haga la cesión de uso de los terrenos, por un espacio de tiempo suficientemente amplio. Es una buena iniciativa, y Níjar es el ayuntamiento con el que más acuerdos y vías de colaboración hemos llevado a cabo, aunque sus tiempos son lentos, como en todas la administraciones.

¿Colaboráis con Amnistía Internacional?
Es otro nivel de intervención, nos conocemos, somos amigos, pero nos ocupamos de realidades diferentes. Hay casos concretos en los que sí participamos, claro, siempre sumamos, pero en general las áreas de actividad son distintas.

Carmen Sanz, Luisa Cobo
y la colaboración de Elisa González

Más información en :
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