Gente del Parque
Alberto Salamanca, ginecólogo jubilado y poeta
Alberto Salamanca Ballesteros es un ginecólogo de 69 años jubilado, que ha vivido toda su vida en Granada. Se reconoce un enamorado del Parque Natural Cabo de Gata-Níjar.
Desde el año 1990, que fue el primer año en que vinimos mi mujer y yo aquí.
Todavía recuerdo la emoción que me provocó el entrar a las playas un día de septiembre. Vinimos un fin de semana largo, un día de septiembre en el que el mar en el Cabo parecía como si no tuviera olas, una maravilla. El recuerdo fundamental es la libertad, y eso entra en las venas, me imagino, y a partir de ahí, somos unos enamorados al Parque.
Foto: Alberto Salamanca © Lola Aguilar
Defiende que es un parque natural que hay que defender, que hay que protegerlo porque es un lugar emblemático, un espacio especial, declarado por la UNESCO Reserva de la Biosfera.
Está más claro que el agua. Y además, sin duda, la cabeza visible, los grandes defensores son los Amigos del Parque, que son los que no se venden, los que están al pie del cañón. Y desde una modesta aportación, la que cada uno puede hacer en ese sentido. Y en eso estamos.
Alberto Salamanca tenía una afición escondida: escribir poesía.
Desde la adolescencia. Esa chispa entra también en la sangre desde muy jovencito. Sin embargo, la exigencia de mi profesión no me lo permitía. Con la jubilación, me permitió disponer de tiempo, leer mucha poesía, que esto es básico, y escribir. Y bueno, perder un poco el miedo a la publicación, que la profesión de docente me impedía. Me atreví a publicar. Sigo siendo un aficionado, y llamarme poeta es excesivo.
Lleva publicados seis libros de poemas y el último es un trabajo sobre el Parque Natural, titulado “Haikus de Qabta”.
En realidad todo empezó como un regalo a mi mujer, que también es una enamorada del Parque, y al final ha terminado siendo un regalo para los Amigos del Parque. Pensé que la divulgación y la recogida de todos los frutos que esto podía dar, pues era una buena ayuda económica para la Asociación de los Amigos del Parque. Y bueno, escogí un formato en haiku, escueto, simple, quizá como el paisaje del Parque. Los haikus son poemas japoneses de tres versos estructurados en 5, 7 y 5 sílabas. En una primera edición ha cedido 200 ejemplares a la Asociación. Los haikus son muy breves y están explicando el momento, el instante. Y muchas veces la poesía está más en lo que no dice que en lo que dice el haiku, que solo está apuntando en una dirección y que uno hace, pues, ese viaje interior con el haiku al Cabo de Gata, que es lo que se pretende. Hay que enamorarse, ahí tiene que gustarte un poco; esto lo que he pretendido con los haikus.
Alberto acude siempre que puede a disfrutar de una casa que tiene en la barriada de San José.
Mi mujer todavía trabaja, con lo cual vamos y venimos. Paso temporadas aquí, fuera de las temporadas veraniegas. Es cuando más nos gusta, cuando el Parque tiene un carácter muy especial y cuando más lo disfrutamos. Aunque tampoco excluimos el verano y un buen baño en la playa o una buena comida al borde del mar.
Se muestra preocupado por el cambio que está experimentando el Parque Natural.
Cuando lo conocí, San José era una cuarta parte de lo que es ahora. Además, el carácter de la gente que venía era completamente distinto de lo que ahora se ve, que tiende a ser como más un sitio de veraneo familiar. Entonces era algo como mucho más bohemio.
También le preocupa el crecimiento de los núcleos urbanos.
Es el tipo de hábitat que se está ofreciendo, que busca el beneficio económico. Construcciones que están invadiendo terrenos que no deberían urbanizarse. Y estos peligros son de los que trimestralmente el Eco del Parque se hace eco, y la única manera de defenderlo es estar con los Amigos del Parque.
Foto: Portada del libro
Este hombre ha ejercido su profesión en su tierra.
Como profesor de la Universidad de Granada, cuando son asignaturas de medicina clínica, siempre se entiende que deben enseñarse al lado del paciente, vinculadas a los hospitales. Estuve primero 18 años en el Hospital Clínico San Cecilio, que era el emblemático de Granada, y el resto del tiempo, casi otros 20 años, en el Hospital Virgen de las Nieves. Y esa ha sido toda la carrera profesional. Tuve en medio un breve salto a las Islas Canarias, donde estuve un año en el Clínico de Tenerife.
Ejerció como médico y como docente en ginecología y obstetricia.
Son dos profesiones muy exigentes. De un lado, la asistencia clínica, la responsabilidad que eso conlleva y, por otro lado, la docente, que tampoco es moco de pavo. Estas dos cosas juntas han llenado mi vida y, desde luego, no me arrepiento de nada. Y por sus manos han pasado muchas generaciones de alumnos de medicina. A 250 alumnos cada año, pues un montón de estudiantes.
Durante muchos años ha ocupado el cargo de jefe del Departamento de Obstetricia y Ginecología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Granada. En su última etapa le tocó liderar el traslado desde el hospital al nuevo Campus de la Salud.
Estamos hablando de una mudanza física. En aquellos momentos, el espacio del que disponía nuestro departamento era muy reducido y, en la nueva Facultad de Medicina disponíamos de una planta entera. Fue algo estupendo, que vino muy bien a los distintos departamentos. Además, las nuevas instalaciones estaban dotadas de material más moderno. Antes, ya veníamos haciendo lo que se denominaban las ECOE, las evaluaciones clínicas objetivas estructuradas, que no es otra cosa que poner al alumno en la situación clínica en la que se va a enfrentar en el futuro con pacientes simulados, con maniquíes. De modo que era una manera de enseñanza, una manera de evaluar la enseñanza muy moderna. Y Granada en ese sentido fue referente a nivel nacional de ese tipo de examen y de enseñanza.
Con esa experiencia de casi 40 años de profesión reconoce que la ginecología ha evolucionado, y admite que a lo largo de la historia la mujer ha estado un poco marginada en el mundo de la medicina.
De alguna manera eso es así. Yo recuerdo cuando comenzaba que una mujer que iba a hacerse una ligadura de trompas tenía que pedir permiso al marido, tenía que tener una autorización firmada por el marido. No es la medicina la que ha cambiado, es la sociedad en la que nos desenvolvemos. Era una sociedad extremadamente machista y ahora es bastante más abierta, no del todo feminista, pero sí que bastante más abierta. Y si un ginecólogo, un profesor de ginecología tiene que declararse en este sentido, pues siempre se declarará un feminista acérrimo. Esto sin duda.
Y esa evolución ha ido en beneficio de la mujer.
Hay que seguir dando muchos pasos, pero sin duda ha evolucionado en beneficio de la mujer. En la cirugía, en adoptar posturas en el parto, en los tratamientos para procesos graves, o en el diagnóstico por imagen a través de la ecografía. Esa ha sido la revolución de especialidades clínicas como la nuestra.
Foto: Playa de San José © Oscar Molina
Y hace casi una década llegó el momento en el que Alberto Salamanca sintió que había cumplido su etapa profesional y decidió jubilarse.
Eso fue en enero de 2017, cuando cumplí los 60. Es una profesión de la que he estado enamorado toda la vida. Hice lo mejor que pude y creo que desempeñé un papel relevante. Llega un momento en el que uno entiende que no puede aportar más, que lo único que puede hacer es dejarse llevar. Servirse de la inercia que uno trae no me parece que sea demasiado justo con las generaciones que vienen. Dar un paso al lado y permitirles a los nuevos hacer cosas nuevas, pues me parecía que era mi misión en aquellos momentos. Por otro lado, yo sabía que no soy de los jubilados que se iban a aburrir y efectivamente así ha sido. No me he aburrido en ningún momento.
Antonio Hermosa
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