El fin de una central térmica

La Central Térmica de Carboneras tiene los días contados. Endesa ha anunciado su desmantelamiento y en unos años veremos cómo desaparece este punto de suministro eléctrico que produce contaminación y lluvia ácida. La empresa anunció una descarbonización para el año 2022, después de llevar a cabo medidas para reducir las emisiones contaminantes que hubieran precipitado el cierre de las instalaciones a mediados de este año. Pero las últimas informaciones indican que la clausura se puede producir en pocos meses. En los últimos cinco años se han invertido 250 millones de euros para adaptar la central a las exigencias restrictivas de contaminación que la Unión Europea exige a todas las centrales térmicas situadas dentro de este grupo de países.

El problema es la recolocación de los 120 trabajadores, a los que hay que sumar los pertenecientes a empresas subsidiarias, que realizaban diferentes labores de mantenimiento en estas instalaciones, y que aumentan esta cifra hasta los 500 empleados.

Foto: Vista de Carboneras © JMJH

En los últimos días, los trabajadores han protagonizado concentraciones en las puertas de la central para pedir una solución a su situación. Temen por su futuro y exigen proyectos industriales limpios que permitan mantener el empleo. Una preocupación que se extiende a la población de Carboneras, que debe gran parte de su mantenimiento económico a la central.

En 1985 se levantó la chimenea que preside esta instalación industrial, que comenzó a funcionar con un grupo, mientras que el segundo se puso en marcha en el año 1997. Durante estos 35 años se ha usado hulla de importación para desarrollar una potencia de casi 1.200 megavatios. La Central de Carboneras está considerada la más contaminante de Andalucía y una de las más de España. Los estudios realizados por grupos ecologistas sitúan la cantidad de gases contaminantes de dióxido de carbono entre los años 2005 y 2007 en casi siete millones de toneladas. En 2010 se puso en servicio la planta de desulfuración de gases que redujo en cien toneladas anuales el grado de contaminación de las emisiones. Después vino la instalación de un nuevo grupo de ciclo combinado, pero que nunca entró en servicio. En 2017 comenzó la instalación de un sistema de almacenamiento eléctrico en baterías de ión litio con capacidad hasta 20 megavatios, para absorber los picos de demanda y reducir la quema de combustible. La central recibió el certificado de gestión medioambiental que le garantizaba su funcionamiento hasta el año 2035, pero la Unión Europea se ha convencido de que hay que sustituir este tipo de instalaciones por energías limpias, si queremos conseguir un mundo más limpio.

Asociación Amigos del Parque Natural Cabo de Gata-Níjar