Fantasmas en El Playazo

Cuentan que, en Rodalquilar, hace mucho, mucho tiempo, la tierra tembló y se abrió, lanzando al aire todo tipo de proyectiles, para luego, limpia y cansada, hundirse en esta caldera volcánica que hoy conocemos. Cuentan que la olla se rajó al sur, abriendo al mar su puchero de hirviente magma. Y que luego, entre lavas ya calmadas y arenas fosilizadas, surgió El Playazo, donde aún puede escucharse en su arena el eco latente de aquel fragor.

Con tan mágicos antecedentes, no es de extrañar que el pasado domingo 12 de mayo y a medio sol de la tarde, los bañistas que retozaban sobre esta playa divisaran la silueta de unas extrañas figuras que se acercaban desde poniente. El sol, cayendo del lado de los caminantes, no permitía apreciar quiénes podían ser esos inesperados visitantes. Pescadores que van a la mar, quizás vendedores ambulantes, perro-flautas.

Los que sesteaban fueron incorporándose lentamente, uno tras otro. Esos acaban de llegar en patera, resolvió alguien. ¡Fantasmas!, gritó un niño de mirada limpia. Y así era, fantasmas del más allá, seres cubiertos de plásticos, de hilachas, de latas de bebida, toallitas, garrafas y tetrabriks, bolsas de inmundas basuras y un ingente arsenal de desechos agrícolas. Seres inhumanos cubiertos de basuras humanas, caminando a la deriva, o quizá basuras vivientes portadoras de algún mensaje.

Foto: En el Playazo © Plataforma por una vida limpia

Una comitiva espectral de la que, más aún que su aspecto y mortecino caminar, sobrecogía su total silencio. La mudez de tanto colgajo errante, ya sin uso ni vida, sosteniendo en el aire un silencio que infundía y contagiaba un profundo respeto mutuo entre bañistas y aparecidos. La lógica de un apacible domingo cuestionada en un instante por unos andrajos móviles bajo el cálido atardecer.

Quieren decirnos algo, opinaron del lado de las toallas. De repente, convocadas por algún signo de luz o extraordinaria necesidad, las figuras comenzaron a girar, arremolinándose en sobria danza, hasta terminar formando una montaña de basuras. Si en aquel momento la tierra se hubiera abierto como hace millones de años, habría parecido de lo más natural. Los bañistas empezaron a hacer fotos, nunca vieron algo parecido, sabían que jamás volverían a verlo, nadie se encuentra dos veces con el mismo fantasma. Y ese, un montón inanimado más, podría haber sido el final de la historia, pero con zombis nunca se sabe.

Tras un inaudible golpe de viento, la montaña de basuras se abrió dispersándose en todas direcciones, también hacia el mar. Van a manchar el agua, dijo una niña. Los bañistas iban comprendiendo algo. Y, sin tiempo para pensar, se descubrieron caminando junto a aquellos seres de los que a cada paso se sentían más cercanos. Humanos residuales y humanos de dulce domingo, confundiéndose.

Foto: En el Playazo © Gianella D´Alessandro

De alguna parte surgió una pancarta, Plataforma POR UNA VIDA LIMPIA, y unos bañistas, haciéndola suya, encabezaron el desfile. Al fin, sin mediar palabra, todo quedaba claro. Esos eran, justamente, el objetivo y la esperanza.

Rodalquilar cría artistas, y su alma creó esta performance con la que la Plataforma se ha echado a la calle por playas, cunetas, ramblas y barrancos. Allá va la comitiva, gritando mudamente a la gente, nadie se atreva a preguntar o acallarla.

Una pasarela de modelos ataviados con el detritus de un modelo agrícola expoliador e insostenible y de un modo de vida torpe en su consumir que no encuentran dónde esconder sus consecuencias, ni aguantan la visión de sus desechos que, como zombis, regresan y regresan, caen y se levantan, caen y se dispersan, vuelan, se trocean, se difunden y, al final de su alocada deriva, tras haber arrasado cultura y paisaje, nos envenenan.

Es posible que, también, ante la ceguera de organismos y despachos aparezcan pronto los fantasmas.

Plataforma POR UNA VIDA LIMPIA
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