Viaje literario por el Parque

El poeta y las montañas: Miguel d’Ors y las playas de Carboneras.

No es la primera vez que el poeta Miguel d’Ors (Santiago de Compostela, 1946) se recrea en los parajes del Parque para escribir sus poemas. En 2019 publica Poesías completas (ed. Renacimiento, Sevilla) donde incluye los catorce libros de poesía editados y otros textos inéditos. Entre ellos figuran varios poemas y comentarios a una de las “capitales” del Parque Natural: Carboneras, también los paseos por sus promontorios (Mesa de Roldán), las calas y playas. De esta experiencia nace la inspiración profunda para plasmar tensiones y contradicciones en poemas definitivos.

Reproducimos uno de ellos de temática religiosa que se incluye en el poemario La música extremada (1991), título adoptado de la famosa Oda a Francisco Salinas de fray Luis de León.

SIENTE EL ALMA Y CONOCE LA VERDAD
DE AQUEL DICHO QUE DIJO SAN FRANCISCO,
ES A SABER: DÍOS MÍO Y TODAS LAS COSAS

Mi Amado: las montañas, por supuesto
-el Naranjo de Bulnes, el espolón Bonatti
del Petit Dru, la Sur del Aconcagua
y tantas otras dichas que esta vida
jamás podrá ofrecerme- La nieve de Wyoming.
Las islas coronadas de cálidas palmeras
que destellan al fondo de mis sueños.
La Cruz del Sur temblando
sobre la vela gris de la “Kon-Tiki”.
La casa entre las hayas. Los grandiosos riojas.
Raquel Welch y la Venus
de hermosísimos pechos alemanes
que una mañana del 87
nació de las espumas en Carboneras. Todas
las noches encendidas a las que dije no
por decirle sí a Él. Los cien versos perfectos
que se quedan volando cada vez que mi pluma
pone sobre el papel otro fracaso (este,
por ejemplo).
                     Mi Amado para mí
es todas estas cosas.

Y muchas más, naturalmente. Pero
para ese más le faltan palabras a mi vida.
27/28-XII-1988

El título ya nos sitúa en la temática espiritual según la doctrina franciscana de la afirmación de la divinidad y también las cosas, creación suya. Además el inicio del poema establece una relación intertextual con el famoso, extenso e intenso poema Cántico espiritual de San Juan de la Cruz, en concreto la 2ª intervención de la esposa (el alma) que pertenece a las “Canciones entre el alma y el esposo” y que comienza con estos versos: “Mi Amado, las montañas…”.

El poeta selecciona algunos motivos del poeta abulense (por supuesto las montañas, los valles, las ínsulas, los ríos, el aire, la noche y las Ninfas de Judea) adaptados a la experiencia moderna. Lo importante es que ante la renuncia se instala la afirmación de las dichas vividas o soñadas.

Para Miguel las montañas son concretas y exploradas, desde el Naranjo de Bulnes en Asturias hasta las Montañas Rocosas en Wyoming. Las “ínsulas extrañas”, por donde el alma vaga errante, son ahora islas coronadas, igual que los riojas (el vino) grandiosos, los pechos hermosísimos y las noches encendidas. Todo esto forma parte de la creación y son “las cosas”. Ante ellas se presenta la entrega y la renuncia, como se comprueba en la conclusión de esta amplificatio con ese alejandrino escanciado en dos versos: Mi Amado para mí/ es todas estas cosas. Estaríamos situándonos en la vía purgativa (ascesis) pues los dísticos finales anuncian que el salto hacia algo “más” es silencio, no hay palabras, nos acercamos al reino de lo inefable.

He dejado para el final la referencia a Carboneras pues ocupa cuatro versos encabalgados que interactúan con las Ninfas de Judea, símbolo de la tentación, de ahí la referencia a los mitos Venus (El nacimiento de Venus de Botticelli) y Raquel Welch (mito erótico cinematográfico) actualizados con el mito del turismo (alemana de pechos hermosísimos) saliendo desde las espumas del mar de Carboneras.

A continuación se expresa la renuncia: dije no por decirle sí a Él y los versos resultan imperfectos (esta última afirmación revela la humildad del poeta d’Ors, pues una de sus cualidades es la impecable perfección formal, métrica). Permanece la esperanza de vida para encontrar palabras que expresen el misterio de Dios con las cosas. Ardua tarea, parva en palabras, para certificar la comunión entre el alma y el Esposo. 

Deseamos a nuestro profesor-poeta y montañero larga vida, más años, para que pueda seguir nombrando aquello que entonces (1988) le resultaba inescrutable. Como decía Juan Ramón Jiménez los mejores versos son aquellos que no se escriben y vuelan fugaces sin la oportunidad de plasmarlos en la escritura.

Miguel Galindo
Colaborador del equipo de redacción del Eco del Parque

Foto: Playa de Los Muertos © MA

Foto: Playa de Los Muertos © MA