Mar sin plástico. Exposición en L’Atelier de Níjar

Exposición «Mar sin plástico / zee zonder plastic»
Proyecto de Karin Hoogesteger
Del 26 Marzo al 25 Mayo

Vivir en Cabo de Gata supone convivir con el plástico, un material que se nos olvida que sale de la profundidad de la tierra, de lo que entendemos como yacimientos del subsuelo, bolsas de hidrocarburos que tienen un origen remoto y críptico, el oro negro, el petróleo…

De su procesado, ese untuoso material que nos parece antinatural, acaba desarrollándose el plástico. Lo que nos interesa es su maleabilidad. El nombre plástico se lo debe a la plasticidad que presenta, una cualidad y un adjetivo que por esas cuestiones de metonimia de las lenguas acaba por derivar en nombre común.

En apenas un siglo hemos tapizado el globo terráqueo de plásticos, si consignáramos los avances de ciencia y tecnología del siglo XX por la capacidad de copar la corteza terrestre de un material novedoso, el plástico se lleva la palma… no hay entorno en donde ya no exista el plástico.

¿Cuáles son las claves para tamaña proliferación? Sin lugar a dudas la irrupción de la cultura de consumo, asociada a su vez con la cultura del desechar, que viene íntimamente ligada al ascenso de las clases medias, que se une al sueño americano, que se basa en “usted también puede tenerlo si lo desea”, que se transforma en “yo puedo fabricarlo si usted lo necesita”, que permite la cobertura de áreas ingentes de territorio yermo para convertirlo en fértil; desarrolla en Almería, la antigua tierra de las miserias españolas, los cultivos bajo plástico y hace que esta provincia se haya convertido en la huerta europea, desbancando a Murcia o a Fraga…

La reducción histórica es simple, pero efectiva, el problema de los grandes avances siempre es el mismo: la vanguardia sacrifica inversiones y deja a la retaguardia la labor contable. Aquí no hay ni mejores ni peores, los que vivimos en Almería convivimos con el plástico y todas estas llamadas culturas, término que abarca el desarrollo intelectual de un grupo tanto como sus arraigos a la tierra. Cultura, Cultivo.

La propuesta de Mar sin Plástico es clara y concisa, parte de la agricultura, las cicatrices de los invernaderos, el desecho de la renovación de cobertura plástica de los mismos, una ingente cantidad de esos hidrocarburos procesados de origen vegetal y animal (no olvidemos que las charcas subterráneas de petróleo tienen su origen en pantanos en donde moraban aquellos dinosaurios míticos) y quiere utilizar, a modo de llamada de atención sutil, una cultura paralela a la agricultura masiva de Almería.

Foto: Plásticos en el Parque @ Sophie Cuendet

Un colectivo de artistas europeos, liderados por Karin Hoogesteger, proponen la reutilización en obras de arte de esos plásticos desechados. Unos plásticos de los que nadie se hace responsable y que infestan los espacios entre invernadero e invernadero, sobre los que no hay una normativa clara para su procesamiento como basura, que se ven ondeados, como banderas rotas, por los conocidos e impetuosos vientos de poniente y levante, arrastrados a ramblas que los llevan al mar… que es el morir (decía un poeta allá por el Renacimiento español) y que, de facto, lo acabará siendo si no inventamos un sistema de protección global de ese mismo mar.

El arte, de un tiempo a esta parte, investiga de manera peculiar en el relato, en realidad lo hace sobre el Relato con mayúsculas, intenta ahondar, por vía de sus múltiples manifestaciones, en la manera en la que el ser humano va narrando la historia a sus semejantes y pone en tela de juicio, desde mediados del siglo XX, el cuento que nos cuenta el poder. El siglo pasado ha sido el de las minorías, todas ellas han buscado el cauce para reparar los desmanes de las guerras, las conquistas, los colonialismos y las visiones hegemónicas. Todo autoritarismo se ha visto contestado por el arte. Toda visión uniformada, casi siempre occidental y casi por defecto eurocentrista, se ha topado con la emergencia de una respuesta no consensuada, sin revanchismos, decididamente revolucionaria pero siempre desde la pulsión de minorías, haciendo un trabajo de goteras, un camino del agua que parece inocua pero horada la piedra, taladra sutilmente el relato hegemónico.

Foto: L’Atelier en Níjar @ Karin Hoogesteger

El arte habla, hay una emergencia en su discurso, una lucha activista, de hecho responsable, vehículo contestatario y, por tanto, lugar de confrontación de lo narrado por el poder y las realidades al margen de esa narrativa.

Esta exposición habla de Almería, la huerta de Europa, desde el angosto pasillo de los invernaderos, ese no espacio, difícil de recorrer, traspasado por los tirantes que tensan la piel plástica de ese monstruoso dinosaurio que suda hacia dentro. Un pasillo destino únicamente de esa misma piel mudada, convertida en el desecho necesario para realizar nuevas cosechas, el tonelaje de su mudanza y su reutilización para crear piezas de arte que contesten a la basura y la erradiquen a la vez, para convertirla en objeto de belleza o de reflexión, nueva narrativa que vincule arte y vida. Esta exposición habla del mar, la balsa que recoge todo ese material plástico y lo engulle sin capacidad para digerirlo.

Las obras realizadas siguen un cauce de creación propio de cada artista, no existe más temática que la de salvar al mar de unos pocos metros cuadrados de esa piel muerta. Medusas candelabro, habitantes invasores que nos observan, libros de referencia que responden con cultura, cestos permeables fabricados con material impermeable, presencias traslúcidas, paisajes subacuáticos, personajes híbridos plastificados a tejidos, objetos de luz y sombras, masas informes; toda una declaración explosiva de intención meditada.

Foto: En Níjar @ Sophie Cuendet

El arte se estudia, desde que se estudia, como respuesta plenamente humana a la Naturaleza; la Naturaleza sigue un camino biológico, respondiendo siempre a la necesidad de perpetuarse. El arte surge como contraposición a lo biológico, copia a la Naturaleza, la mimetiza, la evoca, la transciende y en esta exposición pretende salvarla, busca definitivamente una solución pactada con ella, en su dialéctica pretenden salvarse el uno a la otra… y viceversa.

La reflexión es simple, gota de agua, gotera que horada, cauce de reflexión, agua de mar. Metáforas. ¿O es que acaso será verdad que el mar acabará siendo el morir?

Participan: Hellen Abma, Ilana Bogaart, Karin Hoogesteger, Heidi Kamps, Mathieu Klomp, Robert Roelink, Costales, Sophie Cuendet, Birgit Gerritsen, Sabina Huber, Sergio Montero, Nanon Morsink, Chloé Van der Mije y Myriam Vela Blanca.

Exponen en España en L’Atelier Níjar: Miguel Costales, Sophie Cuendet, Birgit Gerritsen, Sabina Huber, Sergio Montero, Nanon Morsink, Chloé Van der Mije y Myriam Vela Blanca.

Javier Termenón Delgado
Graduado en Historia del Arte

Asociacion TICU, tierrayculturacabodegatanijar