Es como una ventana sin marco, ni postigos ni cristales y se oyen los pájaros y las gaviotas, y se ve el mar y las salinas y la costa de Roquetas, en los días claros. No necesita confinamientos para respirar aire puro, cargado de yodo y de historia, ni para estar casi siempre solitaria, pues a pesar de no estar lejos de la carretera, la gente pasa por allí pensando en el arrecife de las Sirenas y no en trepar una veredica por un monte árido, ignorando su existencia y su valor paisajístico e histórico.

Se trata de un pequeño rellano a media ladera del cerro de la Testa desde el que se domina toda la bahía. Sorprende a los pocos que se acercan ver restos de unas extrañas construcciones de aspecto sólido y apariencia poco explicable. Yo lo conocí de la mano del historiador Antonio Gil Albarracín en el transcurso de una de las rutas de senderismo organizadas por la asociación Amigos del Parque Natural Cabo de Gata-Níjar y confieso que de no ser así quizás nunca lo hubiera descubierto.

Lo que hay allí son restos de instalaciones defensivas que el gobierno de la Segunda República decidió establecer en 1937: cañones en el cerro de la Testa y otros en Roquetas de Mar, enfrentados, con el fin de establecer un fuego cruzado sobre la bahía de Almería para defender la capital de los ataques de la flota rebelde, como ya había sucedido el 31 de mayo cuando una escuadra nazi, en represalia por el bombardeo de la aviación republicana, por error, de un barco alemán en el puerto de Ibiza, lanzó contra la ciudad de Almería más de 200 cañonazos, causando 19 muertos, 55 heridos, 35 edificios destruidos y muchos daños menores, además del terror de una población civil inocente e indefensa.

Sendero hacia la batería del Cerro de la Testa. Foto: © J.M. Jerez
Pozo de anclaje para el cañón de poniente.  Foto: © J.M. Jerez

Ya había sufrido Almería algunos bombardeos, por mar y aire, por lo que fueron construidos los conocidos refugios. A partir de la instalación de estas dos baterías no se volvieron a producir incursiones marítimas. De la de Roquetas no queda nada y de la de Cabo de Gata están las plataformas circulares donde se asentaron las piezas artilleras, una dirección de tiro fortificada, restos de lo que fue un cuartel de los servidores de los cañones y unas excavaciones en el cerro, con chimeneas de ventilación, que pudieron servir de polvorín, además, de un bunker para nido de ametralladoras como avanzadilla. Todo actualmente en un estado de desolación y abandono, cuando debería ser monumentos al recuerdo, a la historia y al sufrimiento de los almerienses.

Boca de acceso al polvorín subterráneo. Foto: © J.M. Jerez
Cuartel inconcluso para la guarnición de la batería. Foto: © J.M. Jerez

Por ello, la asociación Amigos del Parque Natural Cabo de Gata-Níjar elevó en septiembre de 2017 un escrito ante la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía y al Ayuntamiento de Níjar solicitando se declarase como Lugar de la Memoria de Andalucía el Cerro de la Testa y proponiendo también que se garantizara la adecuada conservación del entorno y se adoptaran medidas de seguridad para los visitantes, una adecuada señalización de los valores históricos y criterios para una vigilancia y conservación permanente del lugar, que, además, podía convertirse en excelente mirador hacía la bahía. Hasta la fecha ningún organismo ha manifestado el más mínimo interés en dignificar esta ventana a la Historia.

JUAN MANUEL JEREZ HERNÁNDEZ.

Secretario de la Asociación Amigos del Parque Natural Cabo de Gata-Níjar

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